Feminismo radical vs transfeminismo. Comunicado de Plataforma Anti Patriarcado.


Estamos muy acostumbradas a que vengan a nuestra página a llamarnos de todo porque no defendemos ni la prostitución ni la pornografía, ya que entendemos que son dañinas para todas las mujeres por la violencia y la ideología de subordinación que encierran. Los adjetivos con los que nos describen van desde puritanas o mojigatas, a putófobas e incluso llegan a decir que somos la causa de la violencia que sufren las mujeres que ejercen la prostitución (aclaramos que si somos algo, es puterófobas, proxenetófobas o patriarcadófobas). A esto, y a los machirulos de turno, estamos tremendamente acostumbradas por triste que sea.

A esto se añade que, a principios del año pasado, comenzamos a escuchar la palabra TERF como insulto cada vez que decíamos que éramos feministas radicales. Como se repitió en más de una ocasión, miramos el significado de la palabra en internet. TERF significa: “Trans exclusionary radical feminist”, “Feministas radicales transexclusionistas”. Para nosotras fue una sorpresa que nos llamaran TERF sin habernos pronunciado sobre feminismo y las personas trans. Es decir, no entendíamos por qué pensaban o estaban tan segurxs de que excluíamos a las personas trans del feminismo habiendo muchas personas trans que son feministas radicales. La verdad es que nos dejó muy confusas. Supusimos que eran personas que ignoraban que, no sólo muchas personas trans son feministas radicales, sino que muchas feministas radicales NO EXCLUIMOS a las personas trans del feminismo. ¿Por qué íbamos a hacerlo? Cuantas más seamos, mejor.

La cuestión es que nos hace sospechar mucho el hecho de que existan dos términos exclusivos para mujeres feministas (el otro es SWERF “Sex Worker Exclusionary Radical Feminist”, “Feministas radicales que excluyen a las trabajadoras sexuales”). Y es que, a nuestro modo de ver, revela una cierta misoginia, pero si ya se utiliza para poner en entredicho la teoría sobre la que se basa el feminismo radical, no creemos que haya que definir lo que esto pone de manifiesto, y más, si se hace en nombre del ¿FEMINISMO?

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Traducción: “El antiguo grupo de mujeres que desapareció era realmente excluyente y lleno de TERF’s hablando de sus vaginas todo el maldito tiempo

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Traducción: “Discriminación por sexo” alerta terf

captura-de-pantalla-2017-02-12-a-las-22-56-22Traducción: “Si viviéramos en un mundo donde la “socialización masculina” no fuera un argumento terf quizás podríamos utilizar ese tipo de lenguaje sin consecuencias negativas, pero como están las cosas, sugiere que las mujeres trans no son mujeres reales porque no hemos recibido cierta experiencia mística universal de la feminidad desde el nacimiento”

Después del cierre de la página, debido a un ataque organizado por parte de personas que consideraron uno de nuestros post transfóbico, queremos explicarles nuestra postura con respecto al tema que nos concierne.

En primer lugar, pedimos disculpas si algunas de las palabras que utilizamos pudieron resultar ofensivas o si la manera de comunicarnos en ese momento se percibió como agresiva y excluyente para las personas trans.

En segundo lugar, queremos manifestar nuestro absoluto rechazo ante la manera en la que se han manipulado las intenciones del post en cuestión, creando sesgo de opinión y favoreciendo que se interpretara como transfóbico. Para ello hicieron capturas sólo de partes del post, DESCONTEXTUALIZÁNDOLO para poder tergiversarlo sin contemplaciones.
En ningún momento hemos negado el derecho de las mujeres trans a definirse como mujeres. Sí quisimos poner de manifiesto ─e insistimos, tal vez no usamos las palabras y las formas de expresión más adecuadas─ que la parte central de nuestra lucha feminista es visibilizar y combatir todas las formas de violencia que están en estrecha relación con la manera en la que el patriarcado utiliza y se apropia de la condición biológica de las nacidas como hembras de la especie humana. Hay una violencia específica asociada a la biología femenina que no se puede ni silenciar ni tratar de invisibilizar. Cuando hablamos de violencia específica por ser mujeres-hembras de la especie humana, nos referimos a temas como: ablaciones de clítoris, criminalización del aborto, aborto selectivo de fetos femeninos, rituales de desfloramientos, matrimonios infantiles, inanición por haber nacido niñas, vientres de alquiler, etc. Poner de manifiesto esta realidad y el hecho de que millones de niñas y mujeres están siendo violentadas y asesinadas por haber nacido hembras de la especie humana NO ES TRANSFOBIA. Tampoco es transfobia diferenciar estas opresiones (que están tan presentes en nuestra lucha), de la exclusión y la violencia que sufren las mujeres trans. Si se ha percibido como transfobia es porque ha habido de fondo, por parte de personas clave, una intención expresa y maliciosa en tergiversar el fin de ese post y centrar la atención en algunas expresiones y palabras para crear una opinión sesgada. Somos conscientes de que en esta manipulación han intervenido, no sólo algunas personas concretas pertenecientes a algunos colectivos trans, sino también personas pertenecientes a otros lobbies, a las que les beneficia el cierre de nuestra página: no es fácil tumbar y/o desacreditar una página diciendo que es ABOLICIONISTA, sí lo es diciendo que es transfóbica.

En tercer lugar, queremos recordar, sobre todo a las personas que siguen de cerca nuestra página, que desde siempre hemos apoyado al colectivo de personas trans (https://plataformaantipatriarcado.wordpress.com/2017/02/06/pruebas-del-apoyo-de-la-plataforma-al-colectivo-trans/), desde siempre hemos defendido sus derechos y dignidad, y desde siempre hemos condenado la violencia ejercida contra este colectivo. Eso no quita que seamos críticas con algunas de las premisas que promueve el transfeminismo y que toman como base la teoría queer, pues entendemos que es parte de la lucha feminista CUESTIONAR estas premisas, recordar nuestras bases y crear soluciones satisfactorias para todas.

Consideramos no necesario, sino CRUCIAL, seguir sacando a la luz todas las triquiñuelas que durante miles de años, y aún hoy en día, el patriarcado utiliza para ejercer violencia, anularnos, cosificarnos y perpetuar la vergüenza hacia nuestros cuerpos. Así que estamos TOTALMENTE en contra de ocultar mediante el lenguaje nuestros procesos y atributos biológicos (y las mujeres trans que entienden la lucha feminista desde su base están plenamente de acuerdo con esto). Para nosotras la invisibilización de nuestros cuerpos es PURA MISOGINIA, sea cual sea la justificación que se use al respecto. Al igual que hay mujeres machistas y/o misóginas, puede haber mujeres trans machistas y/o misóginas.
Las mujeres hemos sido invisibilizadas durante miles de años a través de la cultura, la educación y el lenguaje. Aún hoy en día seguimos invisibilizadas en muchas partes del planeta, así que no, no somos “personas embarazadas”, “personas menstruantes”, así como tampoco tenemos un “front hole” o “agujero frontal” (se utiliza esta expresión para referirse a la vagina). Por lo tanto, seguiremos hablando de mujeres embarazadas, mujeres menstruantes y de ovarios, úteros, vulvas y vaginas. Estas palabras hacen referencia únicamente a la biología de la hembra humana que durante miles de años y, todavía hoy, es para el patriarcado motivo de vergüenza y violencia. El lenguaje crea realidades y normas, y establece excepciones. Visibilizar y normalizar nuestros cuerpos a través del lenguaje no es faltar el respeto a nadie. No hacerlo, sin embargo, es caminar hacia atrás y volver a escondernos (iniciativa que le convendría a la estructura patriarcal y a todos esos individuos machistas que sí consideran esta visibilización una falta de respeto hacia sus privilegios). Repetimos, las mujeres trans que conocen, entienden y han interiorizado las bases del movimiento feminista están completamente de acuerdo con esto. Y es que, mientras sigamos viviendo en un patriarcado, es de vital importancia que nos visibilicemos, para poder señalar nuestras opresiones. Las primeras interesadas en no tener que hablar de nuestra biología de hembras para hablar de NUESTRAS VIOLENCIAS somos nosotras, pero esa meta igualitaria de la que estamos tan lejos se consigue llevando a cabo unos procesos y una lucha, no saltándonos pasos y escondiéndonos de nuevo bajo justificaciones que no se mantienen de manera objetiva y que nada tienen que ver con el feminismo. Por lo tanto, no nos vamos a ocultarnos, le pese a quien le pese. Hay límites que creemos no deben ser rebasados, y menos en nombre del feminismo.

Aquí les dejamos con varios ejemplos, a nuestro modo de ver extremadamente misóginos y carentes de sentido, sobre los derroteros que ha tomado una parte de la lucha ¿feminista?. Opinamos que se puede incluir SIN INVISIBILIZAR.

Autodenominarnos “non male”, “no hombres” para ser inclusivas: http://www.independent.co.uk/voices/i-wont-be-referred-to-as-non-male-by-the-green-party-women-have-suffered-prejudice-because-of-their-a6967926.html

captura-de-pantalla-2017-02-12-a-las-22-57-53Traducción: “Partido Verde Mujeres, en su conjunto, está satisfecho con términos como “no macho” para describir a las mujeres, incluidas las mujeres transgénero, y las personas no binarias bajo un término colectivo. Esto es para evitar una mayor marginación de ciertos grupos de mujeres, en particular aquellas que han sido excluidas de los movimientos de mujeres durante demasiado tiempo”.

No nos imaginamos a Simone de Beauvoir diciendo: “No se nace un no macho, se llega a serlo”.

Hablar de personas embarazadas en vez de mujeres embarazadas y algunos hombres embarazados: http://www.dailymail.co.uk/news/article-4167632/Don-t-call-pregnant-patients-mothers.html
En el artículo enlazado, se explica cómo en Reino Unido la “British Medical Association” (Asociación Médica Británica) ha publicado una guía para utilizar lenguaje inclusivo en el contexto laboral. Entre diferentes expresiones se sugiere usar “persona embarazada” en vez de “madre embarazada” o “asignado macho o hembra al nacer” en vez de “macho o hembra biológicx”.

Hablar de personas menstruantes en vez de mujeres menstruantes:

captura-de-pantalla-2017-02-12-a-las-22-58-31En la marcha de las mujeres de Washington, una parte de la comunidad transgénero se mostró ofendida al sentirse excluida por los “gorros conejo (gorros vulva)”** utilizados como signos de “poder de la vulva” que llevaron muchas mujeres a la manifestación. La lectura, que esta parte de la comunidad hizo, es que “una vagina es esencial para la feminidad”.

La lectura que hacemos nosotras es otra. Fue el mismo Donald Trump quien dijo cosas como que no tiene problemas en agarrarle la vulva a una mujer, porque todo está permitido a los famosos. Por lo tanto, ese “poder de la vulva” era una CLARA y EVIDENTE contestación a las declaraciones de Trump. Además, como ya hemos explicado anteriormente, muchas de nuestras opresiones parten de nuestra biología. Volvemos a repetir que reclamar y visibilizar la biología de las hembras humanas no es transfobia, es señalar de dónde vienen muchas de nuestras opresiones.

http://www.washingtontimes.com/news/2017/jan/24/transgender-community-felt-isolated-womens-march/

captura-de-pantalla-2017-02-12-a-las-23-03-48Traducción: “los gorros conejo (gorros vulva)” y la mayoría de las imágenes de ese tipo (conejo/vulva poder, útero = feminidad, etc.) son realmente transfóbicas y necesitan morir”.

No estamos de acuerdo con que se tomen decisiones que afectan a las mujeres sin contar con la mayoría de las mismas. Por ejemplo, sobre la cuestión de mantener o no la segregación actual de sexos en vestuarios y duchas: no nos parece lógico ni sensato que, en lugar de contemplar un cambio que se adapte a las personas que forman un nuevo conjunto, por sus particularidades, se les imponga a la mayoría de las mujeres la aceptación en sus espacios de este nuevo conjunto. En el debate de los vestuarios y duchas no nos referimos, y JAMÁS LO HAREMOS, a las mujeres trans que se leen como mujeres-hembras humanas por haber transitado a través de la hormonación y los cambios quirúrgicos, sino que nos referimos al conjunto distinto que se crea en base a la reivindicación de identidades femeninas que conservan varios caracteres y atributos biológicos masculinos.
¿Por qué? Pues en primer lugar porque partimos de la base de que la segregación de sexos para vestuarios y duchas no existe ni por azar ni por capricho de las mujeres, existe porque durante miles de años y ahora mismo, los espacios públicos son por defecto masculinos y, mientras luchamos para librar estos espacios de violencia machista y convertirlos también en nuestros espacios, necesitamos que los lugares en los que dejamos nuestros cuerpos más desprotegidos estén separados por sexos y nos aporten sensación de seguridad. Y es cierto (aquí no cabe hablar de prejuicios) que millones de mujeres víctimas de violencia machista, acoso y agresiones sexuales, se sienten intimidadas ante caracteres biológicos masculinos. Luchamos para que algún día todos los espacios sean mixtos, esa es nuestra meta: que los hombres entiendan que los espacios públicos son también nuestros y no necesitemos escondernos ni segregarnos para no ser violentadas ni sentir intimidación. Luchamos para que algún día los caracteres biológicos masculinos estén libres de toda connotación de violencia, para que esa violencia de los hombres contra las mujeres deje de existir. Pero en estos mismos momentos la realidad no es esa, y no tener en cuenta la realidad actual que luchamos por cambiar da lugar a situaciones indeseables.

Está claro que la solución no está en obligar a las mujeres trans que conservan caracteres y atributos biológicos masculinos visibles a que utilicen los baños masculinos Y JAMÁS SUGERIRÍAMOS ALGO SEMEJANTE. Hemos comentado la posibilidad de sumar fuerzas, ambos colectivos: trans y feminista, para que tanto duchas como vestuarios estén equipados con cabinas individuales, preservando así la sensación de seguridad de las mujeres que se sienten violentadas por los caracteres y atributos masculinos. Creemos que juntas podemos abrir un debate enriquecedor y encontrar soluciones satisfactorias para todas y por eso sacamos el tema en su momento. Nunca tuvimos intención de discriminar ni herir a ninguna mujer y sentimos que se haya malinterpretado nuestro post. Hay, desgraciadamente, muchas mujeres que por historia de abusos, violaciones y también por miedo racional, se sienten inseguras y violentadas en una situación semejante a la que hemos descrito.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2016) una de cada cinco mujeres ha sufrido abusos sexuales en la infancia, aunque la cifra podría ser aún mayor (Ministerio de Asuntos Sociales, 1994).
Las secuelas psicológicas que el abuso sexual genera en la víctima, pueden perdurar en muchos casos en la vida adulta. Estas secuelas se pueden manifestar de diferente manera, mediante sintomatología ansiosa y/o depresiva, además de las problemáticas de tipo emocional y de personalidad que puede generar el haber vivido una situación tan traumática.
En muchos estudios, se ha asociado el abuso sexual al Trastorno por Estrés Postraumático (DSM-IV, American Psychiatric Association, 2000) en que la mujer reexperimenta mediante diversos mecanismos el trauma vivido.
Una de las características principales del Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) es el gran malestar psicológico intenso que provoca la exposición a estímulos externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático, en este caso el abuso sexual. A su vez, esto puede provocar respuestas fisiológicas incontrolables en la persona que revive estos hechos.
Parece evidente que, en el caso de mujeres que han sido víctimas de abusos sexuales, la exposición en duchas o vestuarios a caracteres biológicos masculinos, sin una autorización y/o deseo previo, puede resultar extremadamente traumática para ellas.
Las duchas y vestuarios deberían ser espacios seguros para todas las mujeres, aún más porque un porcentaje alto de ellas ha sido, lamentablemente, víctima de abusos sexuales por parte de hombres. Entendemos que, especialmente por ellas, y también por cualquier otra que así lo manifieste, todas las duchas y vestuarios deberían tener cabinas individuales.
No es nuestro objetivo discriminar a nadie sino atender a las necesidades de aquellas mujeres que siempre se han visto relegadas a un segundo término y, sobre todo, proteger a aquellas más vulnerables de una revictimización impuesta. Creemos que, no tener en cuenta a las víctimas de delitos sexuales en un asunto como éste, es un claro síntoma de lo olvidadas que están y de lo poco que hacemos como sociedad para protegerlas.

No sabemos cuál es la mejor solución en el tema que nos concierne, lo que tenemos claro es que debemos debatir este aspecto sin imposiciones absolutistas que en nada son feministas. El feminismo debe mirar, sí o sí, por el bien y por los derechos de todo el colectivo de mujeres.
Que seamos feministas y nos preocupen las necesidades de TODAS las mujeres, no nos convierte en transfóbicas, por mucho que nos pongan este cartelito.

Se debe añadir a toda esta cuestión la existencia de mujeres trans que son leídas como hombres. Son mujeres trans que sienten profundamente su identidad como mujer y que, sin embargo, no sienten necesidad de performar como mujer estereotípica. Estas mujeres trans merecen exactamente el mismo respeto que cualquier otra mujer ya sea trans o no.
Pero en este punto nos encontramos con un conflicto del que no se está queriendo hablar cuando tratamos el tema de los espacios segregados por sexos: estas mujeres trans son absoluta y objetivamente indistinguibles de un hombre cualquiera. Hablamos de mujeres como Danielle Muscato que es una reconocida activista por los derechos de las personas transexuales. Una mujer trans que no necesita ningún cambio físico o de vestuario para sentirse mujer.

captura-de-pantalla-2017-02-12-a-las-23-05-17Danielle Muscato: activista ateísta, conferenciante y mujer trans

Ahora bien, o se permite el acceso de cualquier persona a espacios segregados por sexo sea cual sea su aspecto (ya que la identidad sexual es sentida y no necesariamente performativa como hemos visto) o no se hace y se discrimina por el mismo.

Cuando mujeres y niñas, trans y no trans, reconocidas como mujeres, se encuentren con una mujer trans con aspecto absolutamente masculino como el que pueda tener Danielle Muscato y otras, en un espacio de potencial vulnerabilidad, tienen dos opciones: o bien denuncian tal presencia por temor a que se trate de un hombre aprovechándose de la situación, o bien se callan al contemplar la posibilidad de que se trate de una mujer trans y, por tanto, respeten la identidad sentida de esa persona.
En el primer caso, se arriesgan a estar discriminando a una mujer trans que tiene todo el derecho a tener el cuerpo y la imagen que desee, como cualquier persona.
En el segundo, se arriesgan a dejar que cualquier hombre se aproveche de esta situación de indefinición legal para actuar a sus anchas en un espacio de vulnerabilidad para todas las mujeres.
Es en este punto en el que las mujeres (trans y no trans) no vamos a tener ningún poder de acción. Ya se han dado casos en algunos estados de Estados Unidos donde se han empezado a aplicar estas leyes. http://www.inlander.com/Bloglander/archives/2016/02/17/man-uses-womens-locker-room-in-seattle-and-the-states-transgender-bathroom-debate-continues).

Sobre la noticia enlazada acerca de lo ocurrido en Seattle, se podría argüir que el hombre    que entró en los vestuarios era eso, un hombre y no una mujer trans y que algo así ya pasaba antes y seguirá pasando. Pero hay una diferencia: ninguna mujer se sentirá ya respaldada por la ley para denunciar la presencia de un hombre en sus vestuarios y/o duchas ya que podrían ser denunciadas ellas mismas por delitos de odio, debido a que la persona denunciada podría tratarse de mujer trans con derecho a usar ese espacio seguro. Es exactamente lo que ocurrió en Seattle: el hombre entró una segunda vez en los vestuarios mientras unas niñas se cambiaban de ropa para asistir a clases de natación. Ni el hombre fue arrestado ni se llamó a la policía.
¿Qué alternativa tenemos? Ninguna. Si se trata de un hombre tendremos que aguantar su presencia allí, ya que cuando la subjetividad y la indefinición entran en el terreno legal, se da vía libre a la desprotección.

Feminismo radical vs transfeminismo

Transfeminismo

Para el transfeminismo el género es una cualidad personal e individual que posee cada persona. La identidad de género sería aquella percepción subjetiva de la posición que cada cual tendría dentro de un espectro que se mueve entre lo femenino y masculino. Es importante resaltar que estas categorías: “femenino” y “masculino”, son neutras.

El género se performaría externamente a través de la elección de una serie de características como el lenguaje corporal, la estética, elegir si llevar o no maquillaje, la ropa o cómo peinarse. Estas características estereotípicas externas serían las que hacen que la sociedad te reconozca como mujer u hombre.

Cada persona tiene una identidad de género innata (masculina, femenina, independiente de su sexo biológico). Cada persona nace con un sexo biológico (masculino, femenino, intersexual). Algunas personas transfeministas sostienen que el sexo no es biológico sino una construcción social.

El sexo y el género, en el transfeminismo, no están necesariamente conectados.

¿De dónde viene la opresión según el transfeminismo? La opresión viene de un sistema binario rígido que obliga a la persona a identificarse como un hombre o una mujer y castiga a toda persona que no se ajuste a lo preestablecido (esta opresión no sólo la padecen mujeres sino también hombres, especialmente aquellos que no se identifican completamente con el modelo prescrito para su género).

¿Cómo luchar contra esta opresión? Pues rechazando el sistema binario e identificándose como proscritos de género y demandando el reconocimiento de una amplia gama de identidades de género. Según esta perspectiva, el número ideal de identidades de género podría ser infinito.

Feminismo radical (radical de ir a la raíz de la opresión de la mujer)

El feminismo radical distingue claramente entre sexo y género. Mientras que el sexo se refiere exclusivamente a nuestra categoría biológica como machos y hembras de la especie humana, sin ninguna otra connotación a nivel psicológico o de identidad; el género es una construcción social que consiste en una serie de normas, roles y aspectos identitarios que se atribuyen a uno y otro sexo y que conducen a la subordinación de la mujer con respecto al hombre.

Así, mientras que el transfeminismo da un valor neutro a los géneros, el feminismo radical analiza los géneros como una jerarquía.

Por lo tanto, el género es un sistema jerárquico que subordina a la mujer como clase frente a los varones, un sistema de poder que utiliza la violencia, la cultura y la coerción psicológica para explotar el trabajo femenino, el sexo, la reproducción y el apoyo emocional, entre otros, en beneficio de los hombres.

El género sería la opresión de clase de las nacidas hembras humanas.

El género, por lo tanto, NO ES NATURAL NI VOLUNTARIO ya que ninguna persona desea libremente estar subordinada a otra. El sexo biológico es una característica física de cada persona, y aquellas nacidas hembras son socializadas, a través de la cultura, en la feminidad. Educar a las mujeres en la feminidad, es decir, en la sumisión femenina, es ya de por sí un abuso. Es violento y discriminatorio.

¿Por qué es opresivo? Es opresivo porque se basa en la subordinación de una clase, la de las mujeres, por parte de los hombres.

¿Cómo combatir la opresión? Las mujeres cuestionan el orden social patriarcal y se organizan para acabar con el poder masculino y sus privilegios, y al mismo tiempo, con el sistema jerárquico de género. Para las feministas radicales el número ideal de géneros ¿sería? NINGUNO. Sin la existencia del patriarcado, no habría necesidad de género.

Breve análisis transfeminismo vs feminismo radical:

Si el género no es más que una cualidad personal individual, entonces la opresión de género ocurre cuando una persona está restringida por las normas sociales de expresar plenamente sus verdaderos atributos de género.

Una de las consecuencias que se deriva de considerar el género como una cualidad personal individual, y no como un sistema de opresión colectivo, es que no se analizan las opresiones que sufren las mujeres como clase. Algunos ejemplos de opresiones: prostitución (privilegio masculino), pornografía (la mayor parte es violencia contra la mujer filmada), vientres de alquiler (utilizar a las mujeres como vasijas humanas), etc. Nos aventuramos a afirmar que ésta es la razón por la que tantas/os transfeministas son firmes defensorxs de la prostitución, de la pornografía y de los vientres de alquiler.

Para el transfeminismo el género no es sólo una cualidad a abolir sino una cualidad a celebrar y reivindicar ya que no entienden el género como un sistema de opresión donde las mujeres son las subordinadas. Una y otra visión de género chocan frontalmente ya que para las feministas radicales la opresión de la mujer es sexual y el vehículo para oprimirla es el género que el patriarcado le impone. Por lo tanto, las feministas radicales no desean reivindicar el género sino ABOLIRLO ya que es el medio que se utiliza para OPRIMIRNOS.

Se acusa muchas veces al feminismo radical de ser esencialista. Nosotras pensamos que esencialismo es defender la idea de que el género es biológico, no construido socialmente.
Las feministas hemos luchado contra este esencialismo/determinismo desde un primer momento. El esencialismo biológico ha sido el arma usada para justificar absolutamente todo, desde la exclusión de las mujeres de la educación hasta la violencia sexual de los hombres.

La mejor herramienta para dominar a otras personas es convencerlas de que su opresión es producto de la naturaleza u obra y gracia de Dios, de esta forma no podrán deshacerse de ella y la aceptarán como parte de su destino. La naturalización de la sumisión/subordinación de la mujer es la forma mediante la cual el patriarcado ha ejercido su dominio. Por lo tanto, el esencialismo biológico es muy eficaz a la hora de anular la capacidad de resistencia.

El género es a las hembras de la especie humana lo que la raza es a las personas negras.

Por esta razón, rechazamos firmemente la idea de que el género es biológico o innato. Aceptar que el género es biológico o innato sería asumir que no podemos escapar de nuestro destino, sería asumir que somos sumisas por naturaleza.

Rechazamos la idea de un cerebro femenino tan contundentemente como rechazamos la idea de un cerebro de negra/o.

La feminidad no es natural o innata en las mujeres.

El NEUROSEXISMO en nuestra cultura llega hasta el punto de asignar diferencias cognitivas entre los sexos, y reclamar la existencia de diferentes cerebros. Para el feminismo radical no es sino una nueva JUSTIFICACIÓN BIOLOGICISTA de una socialización intencional pensada para definir claramente el ámbito de acción diferenciado entre hombres y mujeres: los hombres en el ámbito público, las mujeres en el doméstico. Estas supuestas diferencias cognitivas que hacen que a las mujeres se nos den mejor los cuidados, las letras, las emociones y a los hombres las ciencias puras y abstractas, las ingenierías, el poder y la agresividad, diferencias cognitivas que aseguran que la sociedad siga adjudicando tareas no remuneradas (o muy poco remuneradas) a la mujer, encerrándola en el hogar y acostumbrándola a un papel secundario y de abnegación en la sociedad. Mientras, por el otro lado, las supuestas diferencias cognitivas proporcionan a los hombres una justificación para discriminar salarialmente a las mujeres, acceder a puestos de poder, desatenderse absolutamente de la corresponsabilidad en el hogar, justificar instituciones sociales como la prostitución o defender la pornografía basándose en una supuesta sexualidad incontrolable y desbordante de los hombres.
Gracias a que numerosas científicas feministas (Daphna Joel, Cordelia Fine, Anne Fausto Sterling, Rebecca Jordan Young) han empezado a cuestionar estos dogmas, hoy día hemos descubierto que la mayor parte de los estudios que proclaman unas tremendas diferencias cognitivas entre hombres y mujeres no sólo son tendenciosos, están sesgados y son poco rigurosos, sino que la mayoría no tienen en cuenta la socialización como fuente de las diferencias que sí se puedan encontrar. Es decir, son estudios donde la perspectiva de género brilla por su ausencia.

Últimamente nos asombra comprobar que es un insulto o un tabú RECONOCER que las hembras de la especie humanas son socializadas en la feminidad desde su nacimiento, es decir, como una clase social subordinada para quien la explotación por parte de los hombres tiene vía libre, está naturalizada y arraigada en las normas sociales, culturales e incluso en las leyes.
Los varones se socializan desde el nacimiento como la clase sexual privilegiada que se alimenta de la subordinación no sólo de las mujeres, sino de todas aquellas personas que se desvíen de los mandatos heteropatriarcales.

Ahora bien, nos resulta muy ofensivo escuchar que las mujeres trans han sufrido las mismas opresiones que cualquier hembra humana socializada como mujer, ya que no es cierto. Y esto no quiere decir que no hayan sufrido otro tipo de opresiones, ni que cuando son reconocidas como mujeres no sufran transmisoginia.

Es un hecho innegable que las personas que no se ajustan a los estereotipos de género sufren riesgos. Son percibidos como una amenaza ya que son la viva prueba de que el género no es natural. Es obvio que todos los sistemas de poder necesitan naturalizar sus jerarquías, como ya comentamos anteriormente, es mucho más difícil luchar contra un orden social que ha sido creado por la naturaleza o por Dios, que contra un orden social injusto fruto de una cultura heteropatriarcal.

La sexualidad masculina se ha construido en torno al poder, y a veces, alrededor del sadismo. Sólo hay que pensar en la violación, donde casi el 99% de las personas que violan son hombres. Fue Catherine MacKinnon la que señaló lo siguiente: “Los hombres follan mujeres; sujeto verbo objeto”. En otras palabras, muchos hombres necesitan saber quién forma parte de la categoría objeto follable/objeto sexual. Necesitan que esta categoría esté bien definida ya que de esta manera saben que nunca formarán parte de ella. Muy probablemente, ésta sea una de las razones, por la que aquellas personas que no se ajustan a las demandas de género son castigadas de manera brutal por parte de los hombres. Les aterra la posibilidad de ser tratados de la misma manera que son tratadas las mujeres. Y es que la masculinidad patriarcal se define no por lo que es, sino por lo que NO es. Es decir, un hombre NO ES una mujer, o dicho de otra manera, “ser hombre es, ante todo, NO SER una mujer”.

Una de las vías más importantes para desmantelar el patriarcado es que nadie pertenezca a la categoría de objeto follable.

Explicado todo lo anterior, rechazamos el prefijo “cis”. Se denomina “cis” a una persona cuya identidad propia coincide con el género que le corresponde a su sexo biológico. El atributo “cis” es tremendamente opresivo hacia la mayor parte de las mujeres. Como feministas si admitimos que somos cis mujeres o mujeres cis estaríamos inevitablemente asumiendo que somos masoquistas ya que nos identificaríamos y aceptaríamos de buen grado el lugar de ciudadanas de segunda al cual el patriarcado nos ha relegado (no lo hemos elegido). Las mujeres estamos socializadas en el rol de la feminidad que oculta la subordinación de una manera tan profunda en nuestras identidades que ni si quiera la vemos o somos capaces de ponerle nombre. Tenemos tan naturalizado este rol que la mayor parte mujeres creen que la respuesta está en nuestra naturaleza de “mujer”. Las feministas sabemos que esto no es cierto.
Entendemos que el concepto “cis” existe basado en creer que hay algo INNATO en el género, cuestión que rechazamos por completo. Por ello no podemos autodenominarnos basándonos en un concepto que tiene su origen en una manera innata de entender el género. Las feministas radicales somos abolicionistas del género, ya que para nosotras el género es construido socialmente con el fin de someternos, y por lo tanto, susceptible de ser abolido.

Por otro lado, no creemos que añadir categorías extras entre los dos polos mujer-hombre conduzca a deshacer el sistema patriarcal ya que nos seguimos basando en el binarismo, en los mismos estereotipos patriarcales para crear esas subcategorías.

Puesto que el transfeminismo reivindica el género y el feminismo radical es abolicionista del género es esperable que sigan produciendo colisiones y conflictos.

Para ir finalizando nos parece oportuno recordar que el feminismo no es una cualidad inherente al hecho de ser mujer. Existen en todos los colectivos, privilegiados y oprimidos, mujeres machistas. Es intuitivo creer que el hecho de sufrir una opresión y rebelarte contra ella te hace sensible a todas las opresiones, pero es una falsa percepción. Se puede ser mujer sufriendo por ejemplo la opresión del racismo o la pobreza y, sin embargo, no ser consciente de la opresión que sufres por ser mujer. El hecho de que la lucha por los derechos de las mujeres transexuales y la lucha feminista tengan en común a la mujer como sujeto de la teoría y movimiento feminista, puede dar lugar a que se confundan las luchas, por eso es importante recordar que la lucha del colectivo de personas trans tiene a la mujer como sujeto de reivindicación de su identidad y la lucha feminista tiene a la mujer como el sujeto de opresión al que liberar. Unas quieren ser reconocidas como mujeres, otras se saben oprimidas por ser reconocidas como mujeres. Aquella que sea reconocida como mujer, si quiere participar de la lucha feminista, deberá reconocer las opresiones sufridas por el colectivo en general, aunque a ella en particular no le afecten. Las manifestaciones a favor del aborto están llenas de mujeres menopáusicas o estériles que se sienten identificadas con la lucha aunque individualmente no les afecte, el feminismo no se adapta a las particularidades de cada mujer: lucha por todas, por el bien común del global de las mismas. Es por ello que no se pueden permitir, ni se pueden considerar feministas acciones como ésta:
https://purplesagefem.wordpress.com/2017/02/04/queer-fascists-attempt-to-ban-feminist-books-from-a-womens-library/ o http://www.feministcurrent.com/2017/02/07/vancouver-womens-library-opens-amid-anti-feminist-backlash/
En las noticias enlazadas se explica que, a principios de febrero, una nueva biblioteca de mujeres, abierta en Vancouver y dirigida por voluntarias, fue víctima de un ataque por un grupo de activistas ¿feministas? queer y “pro-prostitución”. Echaron vino sobre los libros, activaron la alarma anti-incendios, fumaron dentro del espacio y empezaron a arrancar posters de las paredes. Las mujeres allí presentes acabaron llamando a la policía debido a la intimidación de la que fueron objeto y por miedo a la destrucción de la propiedad. Para quien desee más información, se grabó parte del suceso y el vídeo resultante se puede encontrar en internet. La biblioteca ha amanecido recientemente con pintadas en el exterior del edificio.

Antes de concluir, queremos también poner de relieve que la línea de lucha de Plataforma Anti Patriarcado ha sido siempre clara, somos abolicionistas de la prostitución, muy críticas con la pornografía mainstream que fomenta claramente la violencia contra la mujer y contra las niñas, críticas con la hipersexualización de las niñas y la pedofilia, estamos radicalmente en contra de los vientres de alquiler, etc., y como hemos dicho ya, somos abolicionistas del género.

En definitiva, tenemos pensamientos, enfoques y prioridades distintas a las del transfeminismo. Podemos debatir, compartir y hallar soluciones conjuntas, que sería lo más productivo para todas, pero lo que no podemos ni haremos, será callar nuestros pensamientos, enfoques y prioridades. Tenemos derecho a expresarnos y a defender nuestra lucha feminista. Como mujeres feministas no vamos a tolerar a ninguna persona, hombre o mujer, de ningún colectivo, que intente callarnos o censurarnos. Tenemos derechos y tenemos voz, y seguiremos utilizándola. El hecho de que se nos acose, amenace o violente por tener diferencias pone de manifiesto una violencia que no es compatible ni jamás será compatible con el feminismo. Seguimos pensando y seguiremos defendiendo que la lucha feminista y la lucha del colectivo de personas trans son luchas paralelas pero NO SON la misma lucha. Y volvemos a repetir que Plataforma Anti Patriarcado no excluye a las mujeres trans de la lucha feminista, como dijimos antes, cuantas más seamos, mejor.

Y lo verdaderamente vergonzoso de todo este asunto, no es ya que hayan manipulado y tergiversado el post que escribimos sino es que hayan impuesto la CENSURA ante la discrepancia. Nos revelamos ante miles de años de censura, humillación y persecución. Así que no nos callarán, ni en nombre del patriarcado, por supuesto, ni en nombre de ninguna otra institución o fenómeno social.

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*Nota sobre la traducción: hemos utilizado el término “conejo” en español como equivalente al término “pussy”, que en inglés significa tanto “gato/minino” como “vulva”, para dar cuenta del juego de palabras y de dobles sentidos que utilizaron las mujeres en la marcha, ya que “conejo” cuenta también en español con esos dobles significados.

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PRUEBAS DEL APOYO DE LA PLATAFORMA AL COLECTIVO TRANS


Como muchxs sabéis estamos sufriendo un cruento y violento ataque liderado por algunas personas trans y algunxs de sus simpatizantes, quienes nos acusan falsamente de difundir el odio y la transfobia contra las personas, y especialmente, las mujeres trans. Dichas personas están incitando al acoso de la página y de sus administradoras con el fin de tumbar y silenciar tanto la página, como nuestros perfiles personales, y los de todas aquellas personas que nos defiendan, utilizando la estrategia de la denuncia masiva de contenidos, aunque estos no incumplan ninguna política de Facebook.

Quien nos siga desde hace años sabrá el compromiso de esta página con todos los grupos oprimidos por el patriarcado, incluido el colectivo trans. Quien nos siga desde hace años sabrá también que nunca hemos invisibilizado sus violencias ni negado su identidad como mujeres, sino todo lo contrario, hemos denunciado siempre las violencias que sufren, hemos defendido sus derechos y nos hemos alegrado por sus logros. Por eso, más que palabras, aportamos pruebas de posts colgados en nuestra página a lo largo de los últimos años y anteriormente a este conflicto en apoyo a este colectivo.

Tenemos muchos motivos para sospechar que este ataque, camuflado de acusaciones de transfobia, tiene otros intereses económicos e ideológicos ocultos. Creemos fehacientemente que quieren quitarnos de en medio por nuestro firme compromiso abolicionista frente a la prostitución, tanto de calle como la filmada, y contra los úteros de alquiler, motivos por los cuales llevamos mucho tiempo recibiendo ataques organizados e intentos de censura llevados a cabo por parte de lobbies proxenetas, regulacionistas  pro vientres de alquiler, puteros y machistas.

Las personas que están liderando el ataque, que no vamos a nombrar, para no ponernos a su altura, aunque ya casi todes sabemos quienes son, son auto declaradas regulacionistas y defensoras de la mercantilización y cosificación de nuestros cuerpos y úteros, busquen sus vídeos en sus perfiles y en youtube y tomen sus propias conclusiones. Creemos que, como no han logrado hacernos caer por nuestra postura abolicionista, cada vez más aceptada, y creciendo cada vez más (afortunadamente y mal que les pese), han querido usar la excusa de la transfobia, algo muchísimo más condenable socialmente y a lo que nadie puede hacer oídos sordos, lógicamente, para acabar con nuestra reputación y por ende, con una página, muy incómoda para los intereses de las mafias del sexo, los puteros, lxs pro regulación de la prostitución y los lobbies pro vientres de alquiler.

Próximamente publicaremos un comunicado desde este mismo blog explicando con detalle nuestra postura y el motivo de las discrepancias que han dado pie a este y otros conflictos tanto en nuestro grupo como a nivel global. Sólo decir que nos parece súper injusto y desproporcionado el escarnio público, las amenazas, la violencia y la caza de brujas a las que nos están sometiendo estas personas por una mera discrepancia conceptual. De momento, les dejamos con unos ejemplos de la integración en la lucha feminista de PAP de las personas transexuales durante todos estos años.

NI PODRÁN CON NOSOTRAS, NI PODRÁN CON EL FEMINISMO.

GRACIAS POR DIFUNDIR Y POR TODO VUESTRO APOYO.

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GRACIAS DE CORAZÓN POR TODO VUESTRO APOYO.

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CARTELES HECHOS POR NUESTRAS QUERIDAS SEGUIDORAS EN NUESTRA DEFENSA

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TRADUCCION DE ESTE TEXTO  AL FRANCES Y AL INGLES POR CORTESÍA DE LAS COMPAÑERAS DE “TRADFEM”
https://tradfem.wordpress.com/2017/02/11/une-nouvelle-chasse-aux-sorcieres-another-witch-hunt/
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Pon un hombre igualitario en tu vida


O mejor dicho, de poner un hombre en tu vida, ante todo, procura que sea feminista.

¿Por qué? Pues porque sólo una persona que te vea como igual te tratará como tal, con el respeto, la cooperación, la dignidad, la dedicación, los derechos, la equidad, la escucha, la honestidad y el trato justo que mereces.

JohnLegend lindo

Sí, lo sé, es muy fácil decirlo, pero, ¿cómo encontrarlo?

Primero que nada, y por opuesto que parezca, no “necesitando” a ningún hombre en tu vida. Conociéndote, queriéndote, mimándote, sabiendo estar bien sola, conociendo cómo colmar tú misma tus necesidades, siendo auto suficiente, y jamás poniendo tu felicidad, tu equilibrio mental, tu autoestima y tu valor en manos o boca de nadie.

Si no aprendemos a estar solas, a ser felices y a disfrutar de nuestra propia compañía, difícilmente podremos elegir con autonomía. Tenderemos a tirarnos en los brazos del primero que nos prometa llenar el vacío que traemos, sin pararnos a pensar en si esa persona realmente es buena para nosotras. Las consecuencias pueden ser nefastas.

Si consigues lo anterior, que no es nada sencillo tal y como está planteada la sociedad que considera la soledad femenina como un fracaso, tendrás un gran camino andado.

MARCELA LAGARDE

Lo segundo que necesitas es saber dónde están tus límites y NO saltártelos.

Has de tener claro cuáles son las cosas que no soportas y con las que te niegas a vivir. Escríbelas en un cuaderno si hace falta para tenerlo siempre presente, y si identificas alguna de ellas en la persona con la que estás y ves que no está dispuesto a modificarla, adiós, bye, sayonara. A menos que quieras vivir sufriendo, que con alta probabilidad no será el caso (a menos que te mientan y te lo oculten, para lo que debes tener siempre un plan de escape).

Recuerda siempre que esa popular frase de “si tú no te respetas, nadie lo hará”, es una verdad como un templo, pura matemática, y si no me crees, simplemente prueba a hacerlo y te sorprenderás. Cuando te respetas no permites que te pisoteen de ninguna manera, no vives con algo que te resulta insoportable, lo cortas ipso facto. Y para tener la fuerza para hacer esto es muy importante trabajar y reforzar la autoestima que la sociedad patriarcal y su publicidad se empeñan en destrozarnos desde la infancia a las mujeres, con el objetivo de controlar nuestro comportamiento, nuestro físico y nuestro consumo.

Por otro lado, si la persona con la que estás sabe que eres inflexible en esos puntos, si quiere seguir a tu lado se lo pensará mucho antes de jugársela a todo o nada.

Todo esto te facilitará enormemente el tercer paso:  no salir con hombres machistas.

Algo que, aunque pueda parecer fácil, no lo es. Una, porque son mayoría, y otra, porque cuando a un hombre machista le gusta una mujer, especialmente si sabe que no tiene “compromiso” (aunque a veces aunque lo tengan lo intentan igual),  incluso aunque ella sea feminista, no se rinde fácilmente y utilizará todas sus artimañas para conseguirte, te prometerá la luna, te dirá lo que quieres oír,  se hará pasar por lo que no es… Sí, has mal pensado bien: “incluso serán capaces de hacerse pasar por un hombre igualitario-feminista”.

Un hombre machista tampoco entenderá que una mujer pueda ser enormemente feliz sola, o lo que viene a ser lo mismo, que pueda ser feliz sin un hombre. Así que no pierdas el tiempo tratando de explicárselo, porque intentará convencerte por todos los medios  de lo equivocada que estás y de lo mucho que le necesitas en tu vida.

Por eso mi consejo es que si ves venir o intuyes a uno de estos elementos no le digas que estás libre,  lleva una alianza de emergencia en el bolso, dile que eres lesbiana, que estás casada, arrejuntada, que te vas de misionera a Tombuctú, que tienes un herpes, lo que sea. Pero por lo que más quieras, si no quieres tragarte una y otra vez el show de macho alfa en pleno cortejo de apareamiento, dándole la oportunidad de manipularte y sucumbir (aunque sea para que se calle), no le des un sólo atisbo de disponibilidad.

Si logras resistir, te aseguro que por descarte y probabilidad (porque muy posiblemente tendrás que dar unas cuantas calabazas), tarde o temprano te encontrarás  con uno de esos seres maravillosos: un hombre igualitario. Conviene resaltar que, si todas hiciéramos lo mismo y nos negáramos a salir con especímenes de Atapuerca, no les quedaría más remedio que evolucionar si quieren seguir perpetuando la especie.

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Uno de los errores más graves que cometemos en el amor, especialmente las mujeres debido a la educación patriarcal recibida y la idealización del amor romántico- aunque nos puede ocurrir a todas/os en general, es enamorarnos primero, y conocer a la persona después, cuando tendría que ser justamente al revés: hay que elegir compañero con el cerebro racional.

El amor a primera vista es una trampa cultural y biológica, pura idealización, y este tipo de amor romántico que nos mete la cultura con calzador es altamente peligroso para la salud física y mental de las mujeres. Aunque compartimos el mismo mundo y al nacer somos seres muy parecidos, la sociedad nos segrega y nos educa por sexos. A ellos, salvo casos excepcionales, no se les educa para que el amor sea “el todo” como a nosotras, no se les mete el cuento de la princesa azul y el amor para toda la vida, se les educa en sentido contrario, y para todo lo demás; para las grandes hazañas, para separar amor de sexo al mismo tiempo, para la promiscuidad y las conquistas, para ejercer el liderazgo, y muy a menudo, para no considerar siquiera sujetos de derecho a las mujeres, sino objetos sexuales, chachas, mamás, educadoras, psicólogas, o una mezcla de todo junto.

Son pocos los que, educados en esta sociedad patriarcal, nos ven realmente como iguales y merecedoras del mismo respeto y reconocimiento que se guardan para sí mismos. Es una cuestión educativa y cultural. Por suerte, no son todos, algunos reciben una educación distinta en casa o han sido capaces de abstraerse y rebelarse contra esta cultura. Pero para la mayoría el amor simplemente es un complemento más al igual que las mujeres: cosas perfectamente intercambiables. Especialmente cuando dejamos de serles útiles, y ya no digamos cuando empezamos a exigir igualdad, colaboración y respeto, ¡¡cómo nos atrevemos!!

Por ello, no está de más conocer cómo funciona nuestra mente cuando nos enamoramos. Si entendemos que es una respuesta biológica irracional de nuestro cerebro primitivo cuyo único objetivo es el apareamiento y la perpetuación de la especie, y no nuestra felicidad, ni nuestra salud mental, ni la construcción de relaciones sanas y equilibradas, ya sea a corto o a largo plazo, podremos elegir mejor y no caer en las trampas de la cultura machista y la biología.

Porque si simplemente nos dejamos llevar, pasa lo que pasa: cuando empezamos a verle los colmillos al lobo, y sale a flote su verdadera personalidad, esa que nos ocultaban al principio mostrándonos solo lo que queríamos ver y oír, ya estamos enamoradas hasta la médula, enganchadas emocionalmente, y eso nos puede dejar incapacitadas para reaccionar y salir de relaciones que nos hacen sufrir, nos maltratan y hasta nos matan.

Pocas cosas hay tan cobardes y rastreras como obligar a alguien a vivir con lo que no quiere valiéndose de la mentira para negarle a la otra persona el derecho y la libertad de elegir, pero por desgracia esto sucede continuamente y tenemos que tenerlo presente. No se trata de ir desconfiando de todo el mundo, sino de estar alerta y preparadas para correr si hace falta. Debemos dejar y tener muy claro que por mucho que nos juren amor eterno, en el momento en que falte el respeto, ahí se acabó el amor para nosotras.

La doctora Clarissa Pinkola Estés, hace hincapié en su libro Mujeres que corren con lobos, en una herramienta fundamental para enfrentarnos a ese tipo de depredadores emocionales: la intuición.

Barba Azul representa al hombre oscuro que habita en la psique de todas las mujeres, es el depredador innato. Es una fuerza que hay que refrenar, y para hacerlo, las mujeres deben conservar sus facultades instintivas: la perspicacia, la intuición, la resistencia, la capacidad de amar con tenacidad, de sanar intuitivamente y de cuidar su creatividad, la aguda percepción, la agudeza auditiva. Barba Azul es la figura psíquica que se opone a todo ello.

Para desarrollar la conciencia, hay que buscar lo que se oculta detrás de lo directamente observable. Barba Azul es la tendencia de la psique que nos impide buscar detrás de lo visible, es la que prohíbe abrir la puerta que esconde los cadáveres. Para resistir al depredador, las mujeres han de decir su verdad con voz clara.

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Las mujeres que no saben identificar al depredador que se aloja en su psique pueden pertenecer a dos categorías: la de las no iniciadas, las jóvenes e ingenuas o bien aquellas cuyo instinto ha sido dañado. La cura, tanto para una como para otra, es escuchar la propia intuición, la propia voz interior, (la meditación).

El gran poder de la intuición está formado por una vista interior, un oído interior, una percepción interior y una sabiduría interior tan veloces como un rayo.

Se alimenta a la intuición prestándole atención. ¿De qué sirve una voz sin un oído que la reciba?

Nos ahorraremos mucho sufrimiento si escuchamos a esa joya que habita en nuestro interior llamada intuición, esa inteligencia inconsciente que raramente se equivoca y pocas veces escuchamos.

Aunque nunca hay garantías, hay lugares donde es más probable encontrar hombres igualitarios; áreas de igualdad de partidos de izquierda-comunistas-socialistas, organizaciones de hombres igualitarios, anti patriarcales y feministas, que viene a ser lo mismo, etc., la verdad es que pueden estar en todos lados.

Pero mucho ojo, porque incluso en esos lugares hay mucho/a machista encubierto.

Hombres apoyando en

Hombres apoyando en “La Marcha de las putas”. Protesta, no a favor de la prostitución, sino contra la culpabilización de las mujeres en los casos de violación, abuso sexual y acoso por cómo van vestidas, o por haber consumido alcohol.

Y, por último, no te olvides del pensamiento y del lenguaje en positivo porque atraemos lo que proyectamos y pensamos. Si nos pasamos la vida diciendo lo que no nos gusta y hablando sólo de lo negativo, ocurrirá lo mismo que cuando nos falta autoestima y tenemos el mismo discurso negativo con nosotrxs mismxs, que con alta probabilidad acabaremos atrayendo el tipo de personas y situaciones que odiamos y queremos evitar, porque el resto, con esa actitud difícilmente se nos va a acercar.

Mejor hablar en positivo, ser asertiva, decir lo que quieres y poner tu intención en ello, así tendrás muchas más probabilidades de atraer a personas en la misma onda que respondan a esa energía que transmites y de reconocerles cuando les tengas cerca.

También es de mucha utilidad la redacción y visualización de lo que quieres encontrar: fijar objetivos concretos ayuda a la mente a enfocarse consciente e inconscientemente en aquello que queremos y a descartar lo que no nos interesa con mayor claridad y facilidad.

Aun con toda la información del universo, una cosa es saber la teoría y otra aplicarla, eso es lo más difícil. Por ello, puede que aunque tengas todas las herramientas del mundo caigas en la red de algún indeseable, es algo que nos puede pasar a todas, incluso aunque estemos seguras de lo contrario. Lo importante es que una vez enfrentes la situación hagas todo lo posible por salir de ella.

Pero lo más importante de todo es no olvidarte  nunca de ser tu mejor amiga, de quererte, protegerte, y ser fiel a ti misma y a tu intuición. Nadie externo cumplirá estos papeles mejor que tú.

si tú sabes lo que vales, ve y busca lo que mereces

Si tú sabes lo que vales, ve y busca lo que mereces.

Autora: A. Aguilar para Plataforma Anti Patriarcado

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*Nota de la autora: El texto está escrito en masculino y dirigido principalmente a mujeres y hombres heterosexuales porque son las relaciones donde más violencia y asesinatos se producen debido a la perjudicial idealización del amor romántico heteropatriarcal y heteronormativo, pero perfectamente se puede aplicar a parejas del mismo sexo ya que entre éstas también se reproduce el patriarcado y también existen personas machistas.

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No lo llames porno, llámalo prostitución


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Entrevista a Esther Torrado


Por la defensa de las mujeres y niñas en situación de prostitución.

Por la erradicación del sistema prostitucional.

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Esther Torrado es profesora e investigadora en el departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de La Laguna, Tenerife y miembra del Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres de la misma Universidad.  Fundadora de la Plataforma Abolicionista Canaria por la desaparición de la prostitución y miembra de la Red contra la prostitución y la trata en Tenerife. Participante en diversos proyectos nacionales sobre género, migraciones y derechos humanos. En la actualidad dirige un proyecto de investigación sobre la prostitución de mujeres bajo el encargo del Instituto Canario de Igualdad del Gobierno de Canarias.

Procedo de un barrio obrero del sur de Madrid, Vallecas. Mi familia emigró de Andalucía a Madrid en los años 50 y soy la tercera de seis hermanos. Mi adolescencia estuvo influida por la entrada de las drogas en mi barrio, donde muchos jóvenes se engancharon a las drogas, murieron de SIDA o acabaron en la cárcel. En todo esto las más pobres de las pobres siempre fueron las mujeres, que se prostituían para afrontar el consumo de ellas o de sus parejas,  que se quedaban solas al cargo de sus hijos e hijas, siempre tuve claras estas desigualdades de género y de clase. Quizá esa conciencia social y la realidad que vivía día a día me llevó a estudiar Trabajo Social. No soy una profesora al uso puesto que me incorporé a la docencia universitaria cuando terminé Ciencias Políticas y Sociología, tras viajar durante un tiempo por Centroamérica y trabajar en varios Centros de Servicios Sociales, primero en Extremadura y después en el sur de Madrid.

En esa época en Madrid la crisis acuciaba a las familias obreras, con desempleo y la pérdida de sus viviendas, lo que les llevó a asentarse en  poblados chabolistas. Trabajando con población desfavorecida, observé como muchas mujeres se veían forzadas a prostituirse por necesidad, para dar de comer a sus hijos e hijas, la mayoría eran de origen español puesto que todavía no se habían establecido las redes de trata en España ni existían grandes migraciones internacionales. En ese contexto al igual que ahora, la prostitución era un asunto generizado y de clase, pues eran las mujeres pobres las que estaban en la actividad y estas mujeres verbalizaban sentirse obligadas por la fuerza de la necesidad y ser objeto de violencia de sus parejas y clientes, sufriendo robos, palizas y violaciones.

Posteriormente migré a Tenerife, Canarias y empecé a trabajar con menores con medidas judiciales y posteriormente en el Servicio de Violencia del Instituto Canario de las Mujeres a la vez que participaba en plataformas políticas de defensa de las mujeres y de los niños y las niñas. Cuando llegué a Canarias comencé a investigar la realidad de las islas. Era una época en la que empezaron a llegar las grandes migraciones africanas en embarcaciones precarias a las costas entre los años 2000 y 2006. Desde ese marco, me interesé por los más vulnerables de los vulnerables, las mujeres y las niñas y niños y a comprobar la existencia de redes de tráfico y trata con fines de explotación laboral y sexual. Fue en ese momento cuando me incorporé como docente a la Universidad de la Laguna intercalando este trabajo con el de intervención con colectivos desfavorecidos. Así, me incorporé al Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres de la ULL y fundé la PAC (Plataforma Abolicionista Canaria). Siempre he vinculado la docencia con la investigación y con la militancia por los derechos humanos, sobre todo de las humanas. Siempre me ha interesado poner mis conocimientos al servicio de los/as demás, mediante la transferencia del conocimiento, la información, la sensibilización, sacar la universidad a la calle, llevar la calle a la universidad. Con la experiencia que tengo en atender y escuchar sobre todo a mujeres y niñas día a día, año tras año, no me basta con describir las experiencias y los fenómenos mediante su análisis, sino denunciar y sensibilizar a la ciudadanía sobre las distintas situaciones de explotación e injusticia entre las que se encuentra la prostitución de mujeres y niñas y señalar a sus verdaderos responsables, los hombres que demandan. Es necesario que se vea la verdadera cara del sistema prostitucional, donde la prostitución y la trata van de la mano. Es necesario denunciar la situación en la que están las mujeres para que se deje de normalizar y minimizar una práctica violenta y misógina que cosifica a las mujeres y que procede de la desigualdad. También es necesario señalar a aquellos que se lucran y a los que demandan impunemente y sin consecuencias éticas ni sociales.

Además es necesario defender y trabajar con los jóvenes otro modelo de sexualidad, basado en el placer, la igualdad y la libertad de las partes, exento de violencia, para que así los hombres dejen de pensar en la alternativa de recurrir a la prostitución como una práctica normal o como el que compra un producto. Hay que desmontar los mitos machistas que proyectan la idea de que los hombres tienen una sexualidad irrefrenable y que por ello recurren a la compra de mujeres.

Pues en eso estamos, en apoyar a aquellas mujeres que desean abandonar la prostitución y sensibilizando e informando a la ciudadanía sobre la realidad, muy alejada del mito de Pretty Woman. Por otra parte con nuestras acciones pretendemos influir en los gobiernos para que diseñen políticas abolicionistas de la prostitución al estilo de Suecia. Mi lema es el de no mirar hacia otro lado, mi conciencia feminista me lo impide.

Es necesario conseguir que la gente y los Estados comiencen a entender que las mujeres y las niñas no somos ciudadanas de segunda y por tanto entiendan que la prostitución es una vulneración de los Derechos Humanos. Debemos externalizar las narrativas de las supervivientes para que se conozca la verdadera realidad exenta de historias idílicas y de voluntariedad, la coacción o la necesidad no son opciones voluntarias, no son elecciones. Una no elige ser tratada o una no elige ser pobre. El sistema capitalista y el sistema patriarcal interactúan para que las mujeres sean una mercancía al servicio de los hombres, eso sí: altamente lucrativa. Se aprecia en la escandalosa mercantilización de sus cuerpos ya sea para la prostitución o para alquilar sus úteros.

A pesar de ello hay un sector de la población que sigue defendiendo la prostitución, mayoritariamente hombres. Resulta curioso que aquellos que generalmente nos limitan nuestras libertades defiendan nuestros derechos y libertades para ser prostitutas. En definitiva, lo que defienden es convertir sus deseos en derechos, aunque sea a costa de la pérdida de derechos de las mujeres y las niñas. En realidad están defendiendo su derecho a comprarnos y hacer con nosotras lo que quieran. Siempre digo que estamos ante un gran cambio político y económico global que está produciendo mutaciones en la ética social, convirtiendo a las personas en seres individualistas que comienzan a ver normal incluso la violencia, la corrupción y la injusticia. Cuanto más capitalista es una sociedad, menos ética tiene, menos principios, más individualismo, y todo cabe. ¿Por qué no vamos a aceptar la prostitución si las mujeres deciden libremente? Desde una óptica capitalista la libre elección es aceptada, pero desde una lógica social cuando no hay opciones y cuando hay pobreza no se puede decir que sea una libre elección de las mujeres, y sobre todo ahora cuando la prostitución está vinculada a las redes de trata. Es decir: son mujeres forzadas por la coacción o por la necesidad.

La ética pasada no tenía tan incorporada la idea de consumo y de individualismo, equiparada a la idea de libertad y modernidad. Así el “todo tiene un precio y todo puede ser comprado: una niña virgen, una mujer embarazada, una mujer negra, asiática…..” el “soy libre en una sociedad libre, por tanto hago lo que quiero” entonces ¿ quién me impide consumir los  cuerpos de las mujeres?. Con la globalización económica y las grandes desigualdades económicas, se incorpora la idea de que todo puede ser comprado, desde una mujer, a un niño o un órgano, lo que implica que los que están en situación de comprar movilizan un mercado de lo ilícito basado en las injusticias y desigualdades mundiales. Lo cierto es que este mercado de lo ilícito se ha convertido en la segunda actividad criminal más lucrativa del mundo, donde proxenetas, tratantes, intermediarios y Estados se benefician a costa del sufrimiento de mujeres y niñas en situación de pobreza o violencia pero lo más alarmante es que ello esté normalizado.

Hay gente que normaliza y defiende la prostitución, porque se  beneficia económicamente y otra porque lo considera una forma libre de intercambiar sexo por dinero, sin conocer en realidad las verdaderas cloacas de la prostitución. Tampoco los medios de comunicación dan la imagen real pues a nadie le gusta ver lo sórdido de la prostitución, lo que demandan los hombres, las prácticas que exigen, las violencias a las que son sometidas las mujeres y sus verdaderas condiciones. Por el contrario se suele visibilizar falsamente a la mujer, que en vez de considerarla víctima y superviviente se la percibe como una mujer que gana dinero, que lo tiene fácil, mientras que el verdadero responsable “el demandante” aparece inocentado e invisibilizado en todo este proceso, sus actos quedan impunes y no tienen consecuencias.

En toda esta normalización y justificación de un sistema tan injusto con las mujeres y niñas, han contribuido voces que mediante la apropiación indebida del término feminismo defienden la prostitución, eso sí generalmente la prostitución ajena ya que ni ellas ni sus hijas tienen posibilidades de ser prostituidas, para eso ya están las otras, las pobres, las migrantes. La prostitución parte de la misma desigualdad, es un sistema que se nutre de esas desigualdades de clase y de género. La mayor parte de las personas que están en prostitución son mujeres y los demandantes son casi exclusivamente hombres, con lo cual es un problema de desigualdad de género fundamentalmente. Las feministas lo tenemos muy difícil, somos las únicas que alzamos la voz porque ni el Estado ni esos hombres que dicen ser igualitarios y estar en contra de la violencia dan un paso hacia adelante. Tendrían que estar en sus espacios machistas como prostíbulos, campos de futbol, bares, increpando a los suyos y trabajando por la igualdad de verdad.

También es importante señalar el mercado del sexo y en particular la pornografía por la vinculación que tiene con la violencia sexual contra las mujeres en general y el incremento de la demanda prostitucional en particular. Muchos jóvenes en la actualidad tienen dispositivos móviles desde edades tempranas. A través de ellos acceden a páginas de pornografía, que cada vez es más violenta. Muchas de las mujeres que aparecen en esos videos son mujeres tratadas y obligadas a ejercer la prostitución. Se pueden visualizar prácticas durísimas y muy violentas, donde los menores y los adultos empiezan a aprender y normalizar la violencia sexual hacia las mujeres. Cuando estos jóvenes se hacen adultos van a desear poner en práctica con mujeres de su entorno o con mujeres en prostitución estas prácticas aprendidas.

Trabajar y denunciar estas cuestiones que atentan contra los derechos humanos y que señalan al sistema prostitucional y a todos los que se lucran, conlleva riesgos e incluso una minimización del valor de nuestro trabajo y nuestras aportaciones. En la actual sociedad capitalista el valor se mide por la rentabilidad económica y no social. No es lo mismo en entornos académicos como el mío, que se investigue sobre las empresas turísticas a que se investigue sobre las víctimas del turismo sexual, no es lo mismo que trabajes por la innovación y desarrollo, a que trabajes por la defensa de los derechos humanos. Defender los derechos humanos y más los de las humanas resulta incómodo en las instituciones del conocimiento, en las organizaciones políticas y también en la administración. Investigar sobre el  sistema prostitucional es molesto porque se interpela a los gobiernos, a los hombres, a los proxenetas, y eso es interpelar al poder. Además resulta complicado en estos momentos donde sólo interesa el desarrollo, la innovación y la economía, que se financien proyectos de investigación destinado a mejorar la vida de las personas en situación de pobreza y vulnerabilidad, a pesar de ser trabajos imprescindibles que además conllevan múltiples riesgos. Debo decir que los riesgos nunca han venido de las mujeres, sino de los contextos donde transitan. El miedo lo he sentido en las caras de las mujeres cuando he transitado por esos espacios y por aquellos que quieren proteger sus privilegios y lucro mediante el ejercicio de la violencia (chulos, proxenetas, demandantes e intermediarios). Es un gran negocio basado en la violencia, por eso siempre digo que para que el negocio siga tiene que haber demanda y mujeres vulnerables. Por eso la trata no se puede desvincular de la prostitución, pues es precisamente esa demanda la que incrementa el tráfico de mujeres para surtir el mercado prostitucional. Las  redes internacionales trasladan la mercancía, mujeres y niñas vulnerables. Junto al negocio de la trata con fines de explotación sexual van actividades criminales lucrativas como la explotación laboral, el tráfico de órganos, armas, drogas… se trata de una multinacional global de la inmundicia. Y es que habitualmente en los mercados prostitucionales no solamente se vende sexo, también drogas y otras actividades criminales. Junto con los proxenetas y Estados, son muchas las personas intermediarias que se benefician y lucran del sistema prostitucional: ayuntamientos, propietarios de casas, dueños de pensiones, camellos, conductores, tiendas, bares y son las mujeres las que obtienen el menor de los beneficios. De todas las mujeres que he conocido a lo largo de mi vida profesional, ninguna es rica, ninguna se quiere morir en prostitución, ninguna tiene propiedades. Casi todas acaban enfermas física o psicológicamente.

Por eso, cuando se analiza la prostitución hay que ir más allá de las propias víctimas supervivientes. Hay que entender que estamos enfrentándonos a un sistema económico, político e ideológico de dimensiones y contextos globales. Hay países que se están defendiendo de este sistema criminal de forma inteligente, estableciendo políticas abolicionistas desde una perspectiva de género, otros países, principalmente los del sur de Europa “tienen barra libre” y somos el prostíbulo continental. Los demandantes de prostitución son impunes, los propios y los que se desplazan a España, Grecia, Italia y Portugal a consumir mujeres y niñas. Estos países tienen un triple riesgo, por una parte la falta de políticas públicas de disuasión de la demanda prostitucional y la pobreza como resultado del austericidio y por otra el tipo de actividad económica a la que se dedican, el turismo de masas. Aquí las posibilidades de que se dé el turismo sexual son muy elevadas pues además de estos factores de pobreza y de desigualdad hay que añadir la cercanía a las fronteras del sur y el frecuente tráfico de mercancías humanas.

Si nuestro gobierno tuviera una perspectiva feminista o de género como la tienen los gobiernos de Noruega o de Suecia independientemente de que partido gane, mirando por la igualdad del hombre y la mujer, realmente harían políticas públicas, para penalizar la demanda, establecer medidas para frenar los reclutamientos de mujeres y campañas de sensibilización social. Pero el  Gobierno de España ha decidido dar la espalda a los problemas sociales y a las desigualdades, atacando al sistema público de bienestar social mediante importantes recortes sociales. Tampoco veo preocupados a nuestros gobernantes por establecer políticas públicas con respecto a la prostitución, digo yo que algún beneficio dará el mantener esta situación en una permanente alegalidad o simplemente la igualdad y derechos de las mujeres no va en Agenda. Nuestros gobiernos no han apoyado avances y creo que hay un retroceso en los derechos de las mujeres, gobiernan para los mercados y no para las personas. Simplemente tenemos que observar cómo y quién nos gobierna. Cada día aparece un caso de corrupción, un gobierno corrupto no puede pensar en rescatar a una población que está en situación de desigualdad, porque un corrupto piensa en el lucro individual, en  desvalijar lo público lo que es de todos, nunca va a pensar en el bien común.

Si el gobierno de nuestro país quisiera defender los derechos humanos de las humanas podría hacerlo, hay mecanismos para ello por ejemplo con la publicidad sexista, incluida la de los prostíbulos, que infringen la Ley de Igualdad y la tan recurrida y renombrada Constitución Española. Pero este país actualmente intolerante con las opiniones y las libertades parece que ha optado por ser muy tolerante con la vulneración de los derechos de las mujeres, no sólo con la compra de mujeres, con la excusa de que es una actividad voluntaria. Creo que existe una complicidad muy grande entre todos los poderes públicos, y una falta de interés por considerarlo un problema social de dimensiones importantes como el terrorismo.

Otros países como ya he mencionado anteriormente han elegido el camino de trabajar por la igualdad. La ley Abolicionista sueca del año 1999 nos está transmitiendo al mundo que es posible un mundo sin explotación de mujeres. Es la que mejor resultados está ofreciendo, reduciendo el número de mujeres tratadas y la demanda prostitucional, además ha lanzado a la sociedad el mensaje de que las mujeres no se compran a la vez de trabajar la sensibilización con los jóvenes para que en el futuro no sean prostituyentes. . Por el contrario, en Holanda y Alemania con un modelo basado en la regularización de la actividad, los datos no son tan optimistas pues ha aumentado la demanda, los reclutamientos y las redes de trata con fines de explotación sexual. Otro modelo, normalmente impulsado por gobiernos de derechas, parte de prohibir la actividad normalmente reprimiendo a las mujeres pero deja como siempre inocentado al demandante.

En definitiva sean de derechas o de izquierdas en España los políticos no tienen conciencia de género ¿cómo se les va a pedir este tipo de conciencia si ni tan siquiera la tienen de servidores públicos?. En ese sentido soy muy escéptica pues observo con estupor como las derechas y las izquierdas o bien omiten estas cuestiones o cuando las abordan es para defender la regularización de una actividad que genera grandes beneficios a las mafias y a los Estados pero que atenta contra los derechos humanos. Por ejemplo podemos observar como la nueva izquierda está en contra del libre mercado, en contra de las corridas de toros pero no en contra de que las mujeres seamos mercantilizadas para la prostitución o la venta de nuestros úteros, no tienen reparos de defender actividades que proceden de las desigualdades de clase y género y que contribuyen a conservar los privilegios de los hombres y las élites. Suelen confundir prostitución con modernidad, trasgresión y libertad, cuando se sabe que el fin último del sexo es el placer y en prostitución el que disfruta es el que compra. El comprador goza del dominio y la otra parte obedece.

ALGUNOS ARTÍCULOS DE ESTHER TORRADO RELACIONADOS CON EL TEMA:

Las migraciones de menores no acompañados desde una perspectiva de género:

http://www.dilemata.net/revista/index.php/dilemata/article/view/171/215

La necesaria reconceptualización de las migraciones de menores no acompañados en España:

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0187-69612015000200001&script=sci_arttext

Violencia transnacional y castigos de género a mujeres migrantes africanas con destino a España:

https://scholar.google.es/citations?view_op=view_citation&hl=es&user=HLnoRkoAAAAJ&citation_for_view=HLnoRkoAAAAJ:HoB7MX3m0LUC

La prostitución desde la perspectiva de la demanda: Amarres enunciativos para su conceptualización:

https://poseidon01.ssrn.com/delivery.php?ID=297024085004103024017064095095082099024027003059021038093121012009024125091029102022021026029022118061047125122111121097064092044038034079014001025094069088101107076035053051120121025003004123090101082083107125016077004017007096001106089070078021082106&EXT=pdf

Introducción: Debates y dilemas en torno a la prostitución y la trata:

https://scholar.google.es/citations?view_op=view_citation&hl=es&user=HLnoRkoAAAAJ&citation_for_view=HLnoRkoAAAAJ:hqOjcs7Dif8C

 

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El tabú de las violaciones a hombres


“Habíamos salido a tomar con los panas, cuando, en un semáforo, nos entran varios hombres en el carro, nos golpearon salvajemente a mi novia y a mi, nos llevaron a un descampado, nos asfixiaron con las ventanillas del carro para mantenernos inmóviles, nos torturaron y nos violaron a los dos, uno detrás de otro, al final nos tiraron desnudos en el descampado y se llevaron el carro”.

Anónimo.

Esta es una historia real ocurrida recientemente en Venezuela, de unas personas cercanas que, por una cuestión de privacidad, no quieren desvelar su identidad. Una historia que se repite y crece exponencialmente a lo largo y ancho del mundo y de la que nadie, o casi nadie habla.

No hay más que hacer una búsqueda en Google “violación homosexual, “violencia sexual homosexual/gay”, “violación hombre hombre”, y la mayor parte de lo que Google muestra es PORNOGRAFIA. Algo muy sorprendente y curioso, dado que muchísima gente que nos enfrenta cuando denunciamos la relación directa en la actualidad de la pornografía con el incremento de la violencia sexual, nos sale en defensa del porno como libertad y usan justamente esta excusa -“Y qué hay del porno gay, el porno gay es violento, si el porno influyera tanto en la gente habrían muchas más violaciones homosexuales…”

 Pues resulta que esas violaciones se dan, aunque no se hable de ellas y sea un tema tabú del que ni las propias víctimas quieren hablar. Se dan como forma de bullying en los colegios, se dan como forma de castigo y tortura en las guerras y en las zonas de conflicto, se dan como forma de humillación y como forma homófoba correctiva de la homosexualidad, se dan en el porno y la prostitución gay, y se dan también en parejas homosexuales. Y todas ellas siguen siendo el resultado de una sociedad patriarcal que educa en una masculinidad tóxica y depredadora.

 Una cosa es cierta, y es que la violencia sexual contra mujeres y niñas no deja de crecer año tras año, especialmente desde hace dos décadas a esta parte, cosa que muchos expertos achacan al consumo de pornografía cada vez más violenta desde edades cada vez más tempranas, y exactamente lo mismo está ocurriendo con la violencia sexual ejercida contra hombres y niños a manos de otros hombres.

Es hora de romper el silencio.


Nota:  Si has sido víctima de violencia sexual por parte de otro hombre y quieres contarlo, sea de forma anónima o no, no dudes en escribirnos: plataforma.antipatriarcado@gmail.com.

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TEORIA KING KONG: ¿VISIÓN ROMPEDORA Y MOLESTA DE LA REALIDAD O UNA LLAMADA AL CONFORMISMO CONSCIENTE? 



Ante de comenzar esta reflexión en torno a La teoría King Kong me planteé de qué forma enfocarla. El texto, cargado de ejemplos concretos y contradicciones, daba pie a un enfoque sarcástico, pero suelo reservar el humor para aquellas personas que no merecen mi respeto y no es el caso de la autora de este libro. Despentes es, ante todo y como ella misma dice en la introducción, una mujer, una mujer fea, no querida, violada, machacada por la sociedad que la ha educado, y este libro bien podría ser su diario, ese que todas nosotras hemos escrito en algún momento de nuestra vida con el afán, no sólo de contar nuestras experiencias, sino de reflexionar sobre lo que nos rodea. Quizás por eso empatizar con la autora no es complicado, todas hemos sido, en algún momento, chicas dañadas, mujeres enfadadas por la posición en la que la sociedad nos pone, personas confundidas que no encuentran el límite entre lo que sienten y lo que pretenden hacerles sentir. Por ello, La teoría King Kong, a pesar de no ser un texto filosófico ni un ensayo social, a pesar de sus contradicciones y su análisis centrado sólo en una esfera concreta de la sociedad europea, es un texto reconocido y leído con frecuencia. Todas hemos sido Despentes y todas necesitamos un espacio en el que reconocernos en nuestro enfado.

Las primeras contradicciones que encuentro al leer están en la reflexión dentro de la autobiografía con la que introduce el texto. Explica cómo de joven era una chica a la que le gustaba follar y masturbarse frecuentemente, asegurando disfrutar con ello. Hasta aquí todo bien. Poco después  cuenta como fue violada al hacer autoestop y explica que durante un tiempo ejerció de prostituta. Los siguientes párrafos son un cúmulo de contradicciones “las mujeres de mi edad son las primeras que pueden vivir una vida sin sexo, sin tener que entrar en un convento. El matrimonio forzado se ha vuelto insólito.”  

Y aquí no me queda más remedio que hacer la primera parada y nombrar una palabra demasiado en moda hoy en día, interseccionalidad. El feminismo es, inevitablemente, para todas, no sólo para las francesas o europeas de clase media y cultura occidental. Decir que el matrimonio forzado se ha vuelto insólito es como decir que hemos acabado con la ablación o la trata de mujeres. Ni siquiera es necesario salir de Europa para ver cómo en muchas culturas que conviven con la de la escritora, el matrimonio forzado, el matrimonio de niñas, el matrimonio dentro de etnias, sigue siendo una “tradición” preservada igual que otras, como el uso del velo o la prueba del pañuelo, así que no, no es insólito que una familia fuerce a una menor o joven a casarse con quien no desea, ni que un padre venda a su hija a cambio de una mediocre dote. 

Tampoco es cierto, que ajenas a este matrimonio forzado, a las mujeres ya se nos permita vivir una vida sin sexo, y Despentes, que ha sido violada, debería saberlo mejor que nadie. Las violaciones, los abusos de menores, la trata de mujeres, la prostitución, son ejemplos terroríficos y actuales de cómo a las mujeres se nos sigue obligando a tener sexo no deseado, o mejor dicho, a ser receptáculos del sexo de los hombres de forma no deseada.
A partir de aquí hace un rápido barrido sobre lo que entiende por los roles de género femenino, (moda, dietas y maternidad, básicamente) y por los roles masculinos (pobrecitos hombres que no pueden llorar), asegurando que el único beneficiado de estas relaciones de género es el estado o el capitalismo, obviando, de un plumazo, los privilegios masculinos de todas las sociedades patriarcales, capitalistas o no.

“Esta ventaja política que se les había concedido (a los hombres) tenía un coste: el cuerpo de las mujeres pertenecía a los hombres; en contrapartida, el cuerpo de los hombres pertenecía a la producción, en tiempos de paz, y al Estado, en tiempos de guerra. La confiscación del cuerpo de las mujeres se produce al mismo tiempo que la confiscación del cuerpo de los hombres. Los únicos que salen ganando en este negocio son los dirigentes.”

Y remata el capítulo: “El capitalismo es una religión igualitarista, puesto que nos somete a todos y nos lleva a todos a sentirnos atrapados, como lo están todas las mujeres”.
Decir que la mujer no ha formado parte de la producción es como decir que la sociedad rural se mantenía sólo del trabajo en el campo o con el ganado (también llevado a cabo por mujeres, por cierto). Se podrían escribir páginas enteras de las actividades productivas que realizaban las mujeres en sus hogares o en su comunidad, antes de la llegada de la industria: panaderas, costureras, cesteras, azabacheras, cunqueiras, bordadoras, tejedoras, comerciantes, peluqueras, lecheras, parteras, lavanderas, alfareras, posaderas, curanderas, mondongueras, rederas, sardineras… si a esto añadimos el trabajo en el hogar, donde se autoproducía (de mano de las mujeres) el queso, las velas, el jabón, la ropa…, y el cuidado de los infantes, poco queda del argumento de Despentes sobre la producción, aunque quizás se refería a la era industrial, así que vamos a ver qué pasó con la llegada de las fábricas y las grandes urbes. 

Como nos cuentan Nuria Varela en su libro Feminismo para principiantes: “las trabajadoras representaban una anomalía que no se sabía cómo tratar. Son un problema puesto que compatibilizan la feminidad y el trabajo asalariado y participan tanto en la producción y el ámbito privado como en la producción industrial, es decir, en el ámbito público.”
Trabajos asociados hoy día con lo masculino, estaban plagados de mujeres que ejercían puestos cercanos a la esclavitud, con jornadas de más de 12 horas en la fábrica o en la mina, que luego ampliaban al llegar al hogar donde toda la carga de cuidado y de tareas era suya. Así que no, no es exclusivo del hombre el haber sido utilizado para la producción, ni el capitalismo es una religión igualitarista, ya que ese falso equilibrio en la balanza de “cuerpo de las mujeres-producción de los hombres”, no es real, la principal diferencia entre la producción masculina y femenina a lo largo de la historia, es que la segunda, frecuentemente, no era remunerada.
Su discurso pierde sentido cuando habla de la lucha feminista y en el mismo párrafo niega la desigualdad patriarcal.
De paso hablar, ya que ella menciona los periodos de guerra, de la falsa idea de que los hombres son los únicos que sufren las consecuencias de las mismas, que es por cierto, uno de los “argumentos” favoritos de los machistas cuando hablan de los supuestos privilegios femeninos. No haber sido mano de obra en la batalla como soldados (aunque eso depende del conflicto ya que no siempre fue así), no nos hace estar exentas de horrores concretos a nuestro género durante las guerra: las violaciones, el uso de mujeres como incubadoras en casas como Lebersborn, las mutilaciones de senos, torturas, tratamientos humillantes que son especialmente horribles cuando se trata de mujeres y niños. Por ello, Naciones Unidas pone en marcha en 1974 la Declaración de Protección de Niños y Mujeres en Conflictos Armados, dados los serios daños y el sufrimiento de actos inhumanos durante los conflictos armados. La guerra es un infierno, y ningún sexo queda libre de él.
En el segundo capítulo, titulado “Imposible violar una mujer tan viciosa”, se mete de lleno en temas relacionados con las violaciones, el porno y la prostitución. Lo más doloroso es ver cómo normaliza la agresión sufrida junto a una amiga. Describe perfectamente cómo, en esta sociedad de la violación, asumimos ciertas circunstancias o utilizamos eufemismos para culpar a las víctimas. Es cierto que hay muchas más violaciones de las denunciadas, es cierto que muchas niñas o chicas ni siquiera se dan cuenta de lo que les está pasando o no se atreven a hablarlo, es cierto que la sociedad entera descarga al violador de culpa para echarla encima de la víctima, pero eso no es excusa para normalizarlo aún más. Después de ser violada Despentes busca desesperadamente una novela, un texto en el que verse reflejada y topa con Camile Plagia. El hecho de que hablen de levantarse y desempolvarse después de sufrir una agresion sexual me parece fantástico, la manera que tienen de hablar de las que no lo consiguen me parece escandalosa, la actitud derrotista en la que tenemos que asumir la violación como algo inevitable en nuestra condición de mujeres, también:
“Si te suceda, levántate, dust yourself, y pasa a otra cosa. Y si eso te da demasiado miedo, entonces quédate en casa de mamá y hazte la manicura”, C. Plagia.
“Ella hacía de la violación una circunstancia política, algo que debíamos a aprender a encajar… se trata de vivir con.”
“Nos obstinamos en hacer como si la violación fuera algo extraordinario y periférico, fuera de la sexualidad, evitable… por el contrario, está en el centro, en el corazón, en la base de nuestra sexualidad”
Es cierto que la violación existe desde tiempos inmemoriales y que hasta en el arte es retratada y representada, como indica Despentes, pero asociarla a lo inevitable e incluso a la sexualidad, cuando se trata de un ejercicio de poder y crueldad es omitir, una vez más, la carga patriarcal de esta sociedad. 

Lo más incoherente es que en el mismo capítulo dice cosas como “La violación, el acto condenado del que no se debe hablar, sintetiza un conjunto de creencias fundamentales sobre la virilidad”. Por un lado culpa a la sociedad de la educación masculina en una virilidad insana, por el otro habla de que esa virilidad es inevitable. Primero habla de como la sociedad culpabiliza a las víctimas, y luego concluye que ellas son las que se autoculpan por haber tenido fantasías con la violación de forma previa. De cualquier manera propone, que ya que esta es una característica social que no podemos evitar, en vez de luchar contra ella, o atajarla de raíz, la asumamos como peligro asociado a nuestro género. Lo siento, pero a mí no me basta conformarme.
El tercer capítulo puede que sea el que más me ha incomodado, por decirlo suavemente. Comienza con una cita de Gail Pheterson que resume la idea de Despentes sobre las relaciones heterosexuales, obviando, una vez más, todo lo que no sea su entorno más cercano y todo lo que se salga del matrimonio voluntario por conveniencia económica y la prostitución “libre”.

 “… Ya sean públicamente consagradas por la idea del matrimonio o clandestinamente negociadas en la industria del sexo, las relaciones heterosexuales se construyen socialmente y psicológicamente sobre el postulado del derecho de los hombres sobre el trabajo de las mujeres.”
Para la escritora, cualquier mujer que no apoya la prostitución pasa a ser automáticamente “mujer respetable” mantenida a través de un contrato matrimonial. “Resulta difícil no pensar lo que no dicen las mujeres respetables, cuando se preocupan del destino de las putas, es que en el fondo tienen miedo de la competencia: desleal, demasiado oportuna y directa. Si la prostituta ejerce su negocio en condiciones decentes, similares a la estética o la psiquiatra, si libera su actividad de todas las presiones legales que se ejercen actualmente sobre ella, entonces la posición de la mujer casada se vuelve de repente menos interesante. Porque si se banaliza el contrato de la prostitución, el contrato matrimonial aparece de modo más claro como lo que es: un intercambio en el que la mujer se compromete a efectuar un cierto número de tareas ingratas asegurando así el confort del hombre por una tarifa sin competencia alguna. Especialmente las tareas sexuales.”
Todo el capítulo, todo el libro, gira en torno a esta idea.
Lo primero, y de forma rápida ya que hay numerosos artículos que hablan del tema, el abolicionismo no es sinónimo de prohibicionismo. Las mujeres que luchan por implantar modelos, en cuanto a prostitución, como el sueco, lo hacen tras un riguroso análisis de lo que estos modelos suponen, en cuanto a prostitución y trata (de la cual la autora no habla pero que no podemos obviar puesto que representa la cara B de ese mundo). Suecia ha conseguido reducir la trata a mínimos históricos, las prostitutas, lejos de ser perseguidas, son apoyadas y ayudadas a encontrar otras formas de subsistencia. En el otro lado tenemos, por ejemplo a Alemania, donde la calidad de vida de las prostitutas desde la regulación, no sólo no ha mejorado, sino que ha empeorado: menos dinero por el mismo servicio, más clientes por noche… y ha conseguido además que aumente la trata (dada la mayor demanda) y que baje la edad de inicio.
Para seguir, la idea de que todas somos “Santas o Putas” (aunque he de reconocer que ella va un paso más allá y a las santas las mete en el mismo saco), es tan anticuada que me parece innecesario tener que explicar que no todas buscamos hombre para que nos mantenga, que no todas establecemos las relaciones matrimoniales en torno a la idea del sueño americano del matrimonio (mira tú que hasta hay feministas que luchan porque los hombres asuman los cuidados del hogar) y que ni siquiera todas nos casamos.
Es más, establecer la premisa de que las mujeres “mantenidas” en el matrimonio, es decir aquellas que se dedican al hogar mientras sus maridos traen dinero, se están prostituyendo, como si este tipo de matrimonio hubiera sido, a lo largo de la historia, una opción, es una vez más, falso. Hasta el siglo pasado (hablando sólo de Europa, como hace la autora) las mujeres no podían tener propiedades, pedir préstamos o votar. El matrimonio no era una opción, pasabas inevitablemente de manos de tu padre a manos de tu marido, o te quedabas en las del primero. Hablar de esta condición de subordinación total a la que hemos estado las mujeres a lo largo de toda la historia como si de prostitución se tratara es negar que tengamos derecho a los derechos fundamentales. O te subordinas al varón (bien a través de la prostitución, bien en el matrimonio) o no existes. En esa posición nos deja la autora al 50% de la población mundial. 

En demasiados lugares del mundo, que no en la mayor parte de Europa, este tipo matrimonio sigue siendo la norma, en muchos es una mera compra venta de una mujer o niña a cambio de una dote, pero esto no es prostitución sino esclavitud. Que una niña pase de ser propiedad de su padre a serlo de un hombre que podría ser su abuelo, para que la viole todos los días, la use de mano de obra para el hogar, la humille y la trate como a un objeto desechable, en cualquier caso sería trata y esclavitud, no prostitución. 
Pero ella basa toda su teoría en esto y por eso plantea la opción de cobrar por esos servicios sociales y salvaguardar así la libertad, porque no contempla una vida en las que las mujeres no se subordinen ni se prostituyan, tampoco una vida en las que las mujeres tengan sexo por deseo propio ni por supuesto establezcan relaciones igualitarias con hombres. Lo que no entiendo es porque asocia su teoría con el feminismo.
“No nos da miedo que no sobrevivan (dice imaginando una voz social), al contrario, lo que nos da miedo es que se diga que ese trabajo no es tan aterrador como parece. Y no sólo porque todo trabajo es degradante, difícil, duro. Sino porque muchos hombres nunca son tan amables como cuando están con una puta”. 
“Todas no venimos de las clases sociales superiores, a todas no nos han entrenado para sacar el máximo dinero de los hombres (refiriéndose al matrimonio). Y, además, algunas preferimos el dinero que ganamos nosotras mismas (a través de la prostitución)”
Y cita a Pheterson: “Lo que resulta inaceptable no es que se gratifique materialmente a una mujer a cambio de satisfacer el deseo de un hombre, sino que se pida esa gratificación de forma explícita”
La siguiente parte, en la que explica cómo durante los dos años que se prostituyó, sólo encontró hombres ,maravillosos y amables, no la voy a contestar yo, sino que directamente utilizaré las palabras de supervivientes de la prostitución sobre sus “bondadosos” clientes.
“Querido” prostituidor pienso en ti con odio porque eres la pieza clave de todos nuestros sufrimientos y en cambio tú te sientes con poder de hacer esto y te crees un gran hombre. Pienso en ti con asco porque en realidad nunca me apetecía follar contigo, menos todavía cuando tenía hemorragias o algún dolor y tenía que estar disponible. Para mí, tus penetraciones eran violaciones, jamás lo voy a olvidar, jamás… Me acuerdo de cuando te suplicaba con la mirada llena de lágrimas para que pararas de violarme y no me hacías caso, estabas demasiado concentrado en pasártelo bien a costa de mi dolor y sufrimiento. Me acuerdo tanto de tu frase:” Pagó por ti y hago lo que me da la gana”… y lo hacías sin pensar que lo que tenías delante era una mujer y no un objeto de consumo.

Carta a mi prostituidor

Elena, superviviente de trata
“…Otra herramienta de coacción eran los foros de internet. Allí los abusadores exponen sus hazañas como si de una cacería se tratase, cuentan los detalles de los encuentros y las características de las chicas. Aquello era una pesadilla, te pedían servicios gratis para darte buena publicidad. Una mala crítica en esos foros y tú proxeneta te hacía costear las pérdidas…

Puedo contar muchas historias humillantes, pero resumiré diciendo que la gran mayoría usaban mi cuerpo sin mirarme a la cara, como un juguete sexual a pilas, a veces con dureza, casi siempre con frialdad, pero nunca, ni el mejor de todos ellos, el que lo hace con tacto y suavidad, piensa que bajo esa piel que está disfrutando hay un ser humano con una necesidad económica tan grande que es capaz de mantener su cuerpo desnudo bajo el suyo… si pensaran en todas las secuelas que sus actos dejarán en esas mujeres, quizá lo pensarían dos veces antes de pagar por algo que no les pertenece”.

E.E. Superviviente de la prostitución
Me alegro de que la autora haya tenido suerte con sus clientes, a los que veía sólo esporádicamente, puesto que su necesidad no le obligaba a hacer 30 servicios por noche, y que pudiera escogerlos a través de su ordenador, que era como lo hacía. Pero la realidad de la prostitución también incluye a las mujeres que se mueren de frío en la calle, a las que vienen engañadas o están amenazadas de muerte, a las que no tienen otra forma de sustento para sus hijos, a las que su novio, el proxeneta, mete palizas si se niega a ejercer, a las que tienen que enfrentarse a infecciones por tratar de tapar su menstruación ya que no tienen derecho a descansar durante esos días, a las que golpean durante el servicio, a las que rajan durante el servicio, a las que vejan, a las que violan, a las que apalizan y a las que asesinan durante el servicio. Porque no olvidemos que las mujeres en prostitución tienen un 40% más de riesgo de morir asesinadas.
“En mi caso, la prostitución ha sido una etapa crucial de reconstrucción después de la violación. Una empresa de indemnización, billete a billete, de lo que me había sido robado por la fuerza”. Por desgracia parece ser habitual que algunas prostitutas sean mujeres previamente abusadas o violadas, un 45 o 60% en función el estudio, pero lejos de servirles de curación, entre un 60 y 75% (según los estudios de Farley) de las supervivientes sufren síndrome de estrés postraumático, problemas sexuales graves, diferentes enfermedades de transmisión sexual, problemas de suelo pélvico y disociación para tratar de superar las vivencias sufridas como prostitutas, ya que un 80% de ellas son violadas y un 85% golpeadas y abusadas.
Pero la autora sigue sin admitir la parte de ese mundo que muchas tratamos de sacar a la luz. Sólo dedica unas líneas al problema de la trata y lo hace para defender el mercado del sexo. “Chicas ilegales, que trabajan sin dar su consentimiento (por lo tanto no trabajan), que hacen clientes en cadena (¿querrá decir violadores en cadena?), domesticadas por la violación, drogadas, retratos de chicas pérdidas… Así, se acaban extrayendo conclusiones sobre el mercado sexual en su conjunto”. Lo que se olvida de decir, es que estas chicas pérdidas, violadas y esclavizadas, representan el 80-90% de la realidad de la prostitución. 
Nuria Valera recopila en su libro “Feminismo para principiantes” diversos datos sobre la trata de personas para el mercado sexual: 
“Según Naciones Unidas, cada año, tres millones de niñas entre 5 y 14 años son incorporadas al mercado del sexo”.
“La profesora Koirala… explica que solamente en Asia, más de un millón de mujeres y niñas son vendidas anualmente a la industria del sexo”.
“La prostitución femenina, la pornografía e incluso la esclavitud han crecido escandalosamente con el empobrecimiento, las guerras, las migraciones, efectos multiplicados planetariamente por las posibilidades de Internet, cuyos contenidos en un 45% divulgan y venden este tipo de prácticas”.
En esto la autora de la Teoría King Kong tiene razón, somos muchas las feministas, que nos fijamos más y damos más importancia a esta realidad, que a la del mercado sexual como opción libre de vida, más que nada porque es una de las mayores opresiones que siguen viviendo las mujeres y porque la trata de mujeres es la tercera manera de ganar dinero negro e ilegal del mundo, después del tráfico de drogas y de armas.
Para rematar el capítulo la autora habla de la sexualidad masculina, que como bien dice ha sido educada a ser nociva, violenta y monstruosa. Pero lejos de plantear la necesidad de cambiar esta educación, lo que hace es quitar el peso de la culpa de los hombres, porque, pobrecitos, si los educamos así, tendrán que satisfacerse.

“Es necesario que se avergüencen de su propio deseo, incluso si encuentran satisfacción en un contexto que no causaría dolor, donde ambas partes podrían satisfacerse. El deseo de los hombres debe herir a las mujeres ultrajarlas. Y, en consecuencia, debe culpabilizar a los hombres”. Habla de la prostitución como el contexto donde no se generaría dolor (se olvida una vez más de las vejaciones, palizas, violaciones y asesinatos habituales en la misma), donde ambas partes quedarían satisfechas, una sexual y la otra económicamente hablando. ¿De verdad es incapaz de entender una relación en la que ambas personas se satisfagan sexualmente, o intercambien, además de sexo, intimidad y cariño? 
“Pero teniendo en cuenta que el mundo económico actual es lo que es, es decir una guerra fría sin piedad, prohibir el ejercicio de la prostitución en un marco legal adecuado, es prohibir a la clase femenina enriquecerse y sacar ventaja de su propia estigmatizacion”.

Las feministas lo vemos de otra forma, teniendo en cuenta que el mundo económico actual es lo que es, un sistema de opresión de una minoría a una gran mayoría, especialmente femenina, permitir la prostitución y normalizarla en un marco legal, es prohibir a la clase femenina superar el sistema de opresión para desarrollarse laboral y personalmente y dejar que se perpetúe ese estigma. Vamos, que es justo lo contrario lo que busca el feminismo.
Digamos que todo el capítulo podemos resumirlo con estas líneas de la autora:”El pacto de la prostitución <yo te pago y tú me satisfaces> es la base de la relación heterosexual. Hacernos creer que ese contrato es extraño a nuestra cultura es pura hipocresía.” Que hoy en día, una mujer piense que la única relación heterosexual que se puede plantear es bajo esta premisa, es además de falso, muy triste. 
La siguiente parte del libro se centra en el porno, explicando cómo, cínicamente, la sociedad dice no consumirlo, pero es un continuo que nos persigue en las redes o en la propia calle, donde las imágenes sexuales nos acosan. El problema que veo es que concibe el porno como la realidad sexual, “se dirige directamente al centro de las fantasías”, “la pornografía es el sexo puesto en escena, ritualizado”… la pornografía no representa la sexualidad humana, sino que la educa, y lo hace respondiendo a las necesidades de esta sociedad patriarcal. El porno no representa imágenes de dos personas, o un grupo de personas, teniendo relaciones placenteras y recíprocas, sino que representa el poder y la violencia sexual que ejercen los hombres sobre las mujeres. No es inocente que el papel sumiso sea el femenino, es más, la mujer pasa a ser, prácticamente un receptáculo de violencia y semen, no una persona activa disfrutando del sexo. A través del porno se trata de educar el deseo sexual, tanto masculino como femenino, normalizando escenas sexuales de violencia y llevándolas fuera de las cámaras. Es verdad que las violaciones no las inventó el porno, pero también es cierto que antes los niños de 8 años ni siquiera podían imaginar este tipo de escenas, y mucho menos, creaban su imaginario sexual en torno a ellas, porque no nos engañemos, el acceso fácil y gratuito al porno en las redes no es sólo para los adultos conscientes y capaces de discernir entre realidad y fantasía. 

Dice Despentes, “Nuestras fantasías sexuales hablan de nosotros, en la manera desplazada de los sueños. No dicen nada de lo que deseamos que ocurra de facto”. Pero lo cierto es que las relaciones heterosexuales están cambiando, y lo peor es que cambian también en edades tempranas, así tenemos grupos de adolescentes jugando al muelle, niñas que en el recreo del instituto simulan violaciones grupales, o chicas que utilizan el sexo anal como método anticonceptivo en la adolescencia. Y no, todo esto antes, no estaba generalizado ni normalizado como lo está ahora. Si se leen estudios sobre la sexualidad adolescente los datos son horribles, y el acceso temprano a las nuevas tecnologías tiene mucho (o todo) que ver. 
Según Carolina Lupo, colaboradora del proyecto “Educación de la afectividad y de la sexualidad humana” el maltrato y la violencia de género en España están aumentando entre adolescentes y, aunque es un fenómeno multicausal: “se está encontrando la existencia de una notoria correlación entre el consumo de pornografía y un significativo aumento de la pasividad y aceptación de las agresiones física y sexual… En este escenario no solamente se ven afectadas las mujeres, sino en cierto modo también los hombres, que acaban siendo incapaces de ser dueños de su sexualidad. Algunas mujeres se sienten presionadas a crear sus propios vídeos pornográficos o a tomar como normal el uso de la violencia en sus relaciones.

Cuanto más baja sea la edad de exposición y más extremo el material pornográfico, mayor será la intensidad de sus efectos”.
http://www.unav.edu/web/vida-universitaria/detalle-noticia-pestana/2015/07/21/los-jovenes-y-la-pornografia-en-la-sociedad-tecnologica?articleId=6957048&nbsp;
Y aunque Despentes asegure que no todo el porno es mainstream, que no hay un único porno, lo cierto es que el post-porno, el gang bang, el bondage o cualquier otro que nos quieran ofrecer no son lo que se encuentra rápidamente y de forma gratuita a golpe de clic. No es el que se consume principalmente, ni el que educa sexualidades. El gran problema actual del porno no es la grabación de sexo respetuoso o igualitario, que puede darse y no dudo que los expertos encontrarán y disfrutarán, sino la comercialización y el exceso de porno violento y misógino que hay a disposición de cualquiera con acceso a la red.
Una vez más, cuando la autora analiza los “inconvenientes” del tema, no niega ni la violencia ni las violaciones que sufren las actrices, tampoco la baja compensación económica que reciben, ni el estigma que cargan encima, sino que una vez más lo normaliza dentro de esta sociedad misógina: “basta con encender la tele para ver mujeres en posiciones humillantes”. Que algo sea común a otros aspectos sociales no es excusa para aceptarlo. Tampoco es aceptable que trate de culpar a los detractores, como en el caso de la prostitución, de que no nos importa todo lo que les ocurre a las actrices, y no sólo eso, de tratarlas a posteriori como mujeres marcadas. No todos los que nos dedicamos a atacar el porno lo hacemos porque nuestro dios católico así nos lo diga, sino porque creemos que la salud social sexual no pasa por ver a las mujeres como receptáculos de las violencia y poder de la masculinidad más embrutecida.
Despentes acaba, y remata, su libro tratando de establecer una especie de paralelismo entre su teoría y la versión de King Kong de Peter Jackson. Su lectura de la película, difiere por completo de la mía, pero el arte es lo que tiene, la posibilidad de feedbacks infinitos. Así que no voy a tratar de defender a capa y espada que King Kong es macho, o se comporta como macho, ni que la rubia sea casi un objeto, un tesoro a mano de los machos que podría funcionar como mcguffing. No, solo voy a coger su interpretación y ver en que se puede relacionar con su teoría sobre que todas las relaciones heterosexuales se basan en la prostitución de las mujeres a servicio de los hombres.
“King Kong funciona aquí como una metáfora de una sexualidad anterior a la distinción entre los géneros tal y como se impuso políticamente hacia finales del siglo XIX. (¿? Una de las dos tiene que repasar la historia de la sexualidad antes del siglo pasado). King Kong está más allá de la hembra y el macho. Es la bisagra entre el hombre y el animal, entre el adulto y el animal, entre el bueno y el malo, lo primitivo y lo civilizado, el blanco y el negro. Híbrido, anterior a la obligación de lo binario. La isla de la película es la posibilidad de una forma de sexualidad poliforma e hiperpotente… Cuando el hombre viene a buscarla, la mujer duda en seguirle. Él quiere salvarla, llevarla a la ciudad, a la heterosexualidad hipernormativa.”

Continúa un poco después: ” La bella se deja proteger por el más deseante, el más fuerte, el más adaptado. Se ha distanciado de su potencia fundamental. Ése es nuestro mundo moderno.”
Hasta ahí su lectura tiene sentido, el mundo moderno, según la autora, es un mercado en el que las mujeres dejamos de lado nuestra naturaleza salvaje y nuestra sexualidad para venderla al mejor postor, al hombre, sea a través del matrimonio o de la prostitución. A lo que no acabo de encontrar la lógica es a que se conforme en esta idea. Si sabe que la naturaleza de la mujer es otra, si sabe que su sexualidad puede ser diferente a la que nos imponen, ¿por qué se conforma con el porno, con la violenta y nefasta masculinidad patriarcal, con ser una mujer a la venta, en vez de volver a esos orígenes libres de los que habla?

“La feminidad se trata simplemente de acostumbrarse a comportarse como alguien inferior”, ¿por qué acepta ese acostumbrarse?, ¿por qué recoge las migajas económicas que ofrece la prostitución o el porno a cambio de una falsa y mínima libertad?, ¿por qué no busca su isla, su lugar salvaje donde hermanarse con otras hembras y dejar lejos la civilización hipernormativa de la que habla?
Poco antes de acabar firmemente dice: “Quiero obtener más de lo que me prometieron al principio. No quiero que me cierren la boca. No quiero que me digan lo que tengo que hacer… no quiero huir del conflicto para esconder mi fuerza y evitar perder mi feminidad.
Tampoco nosotras queremos, por eso nos negamos a bailarle el agua al patriarcado, nos negamos a mantenernos sumisas y violentadas a cambio de las propinas, nos negamos a aceptar una educacion y una sociedad que nos quiere sometidas y minimizadas a la condición de objeto. Por eso, querida mujer fea, herida, vieja, histérica, tarada, por eso somos feministas radicales.
Noemí González

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“Me captaron siendo menor. La pornografía no es fantasía, lo que les hacen a las chicas es real, el abuso es real. La pornografía es una tapadera para la prostitución”

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